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EL HEREDERO PSICÓPATA

21/03/2019

Sin dudas, Mauricio Macri ha ido in crescendo con un accionar, donde la mentira y el mal, son las mayores virtudes con las que construye su política asesina.

Por Eduardo Silveyra

La reformulación que opera Jacques Lacan en la teoría psicoanalítica creada por Freud, nos dice que la disputa no es la representación fálica del padre, el poder simbólico en discusión es el nombre y en eso está en juego la heredad y la tradición. No es poca cosa, si lo que no debe continuarse es aquello dado por la herencia y lo que no debe repetirse es el legado de la tradición. Es también Freud, quien en un texto que se nutre en la historia, a veces con datos no muy precisos, pero valiosos para sustentar un discurso, como lo es “Moises y la religión monoteísta”, donde nos dice: Todo hombre que se apresta a realizar una obra importante, mata a su padre. Los ejemplos de Moises, Edipo, Jesús y Buda son enunciados. Haberlo dicho, es necesario para escuchar desde otro lugar a la última entrevista periodística, realizada por uno de sus escribas, al presidente Mauricio Macri, quien ante la muerte de su padre, lo elogió en su despedida como al ser que guía su vida, con su ejemplo de hombre de trabajo. Pero, ante una contingencia política, como lo es ganar una elección, no dudó en ubicarlo del lado de sus rivales delincuentes y corruptos.

Atenerse a situaciones concretas de la realidad para ver a un psicópata en acción, es solo parte de ese nudo donde lo imaginario, lo real  y lo simbólico se interpretan para conocer de qué va la vida de un hombre. En cierto punto, es cierto que Mauricio (Obviar el apellido es parte de este asunto) ha matado a su padre para realizar su tarea importante, aunque la obra en sí misma sea bárbara y negativa, porque es el obrar del mal. Su obrar es idéntico a las correrías de un bandido inescrupuloso, quien encaramado en el poder, asola las poblaciones, persigue a sus adversarios, realiza promesas incumplidas, saquea las riquezas y las despilfarra con sus cómplices y al robar los tesoros, contrae deudas que pagaran otras generaciones. A su paso va quedando tierra arrasada, desolación y tristeza.

En esa carrera destructiva lo simbólico aflora en cada acción y en ese accionar más que a la memoria, Mauricio recurre como un obseso al olvido y a la ausencia de historicidad que muchas veces sustenta el olvidar. Hacia donde vamos no necesitamos historia, dijo uno de sus ministros, cuando se le preguntó sobre la eliminación de los próceres patrios en los billetes. Es cierto, en la nada, la historia y la memoria no son necesarias, porque nada debe ser recordable y si la memoria aflora, se la debe mantener alejada con la promesa propia del perverso, que al evidenciar sus mentiras, promete no volver a mentir, tal como ha prometido Mauricio Villegas Blanco al ser entrevistado por uno de sus escribas. Sin embargo, la mentira vuelve a repetirse como en la fábula del pastorcito y el lobo y en ese derrame de falacias, también es pródigo en inculpar para salvarse a si mismo.

Los aparentes fracasos de su política y que han perjudicado a la mayoría del pueblo, se debieron en un principio a los doce años de malas determinaciones del gobierno anterior, luego a los 30 años de democracia y cuando el mal se agrandó, la culpa recayó sobre los últimos 70 años y al agigantarse los efectos malignos, la culpabilidad recayó sobre todos los argentinos, que es hablar también de una comunidad histórica instituida desde el estado. Y esto es así, porque como todo psicópata cada vez exige perdones más grandes, como lo hace el golpeador machista con su víctima, a la cual le promete no volverla a golpear y que cambiará su conducta si ella se asume como el ser sumiso que él quiere, porque la ama y la necesita. No es casual el ensañamiento visto desde este lugar, si tenemos en cuenta que la Patria o Matria o como queramos definirla desde donde hallamos elegido pensarnos, tiene una formulación femenina. Su representación figurativa es esa mujer de pecho descubierto y senos generosos, para bien nutrir a sus hijos e hijas y la cual se debe amarla como tales.

Franco Macri acrecentó su fortuna a costa de negocios y obras públicas con el estado, ha dejado al morir deudas impagas, entre ellas la del negociado con el Correo Argentino por cifras millonarias y su modus operandi, en ocasiones lo ha llevado ante la justicia por diversas causas penales, algunas en común con su hijo Mauricio, como la de contrabando de autopartes en los años 90. Pero, con ese aire bonachón que adquieren algunos malvivientes cuando llegan a la vejez, advirtió como lo haría Tiresiás: Mi hijo no sirve para presidente porque no tiene corazón. Profecía que no fue escuchada y a la cual, deberíamos agregar la confesión maternal de Alicia Blanco Villegas: De chico le pegaba porque mentía. A simple vista está, que de la unión entre un industrial mafioso y una latifundista oligarca, ha nacido un engendro monstruoso que golpea y miente a aquella que debiera ser amada, hablamos de la patria.

Como en un cierto juego paradojal, no es el hijo quien reniega del padre en esta historia, el mismo Franco lo despoja de su nombre antes morir y dice como un actor de la tragedia: Mauricio no es Macri, es Blanco Villegas, es la madre. La hija de estancieros que agrandaron sus campos a costa de matanzas de pueblos originarios, de la explotación de peones en las estancias, de expulsiones y genocidios prolongados hasta el presente, porque la vida de un ser humano vale menos que el precio de una vaca o una tonelada de soja. Sin embargo, la historia no termina aquí, quizá para invalidar todo juzgamiento, nada mejor que ubicar a ese padre muerto, en el terreno de los enemigos y mostrarlo como alguien que formaba parte de bando, es decir los delincuentes y corruptos a los cuales el combate por todos los medios, entre los cuales están incluidos la mentira, el empobrecimiento y el saqueo.

Jugados en este campo, donde lo profético no nos resulta extraño, volver a citar a Tiresias y sus profecías, no debiera resultar reiterativo, si lo asimilamos a la figura de Juan Perón y viéramos en el a una esfinge criolla que, desde algún lugar de esta llanura rala o pampa de los chistes -como a veces llamaba poéticamente a la Argentina  Osvaldo Lamborghini- invita a sus hijos e hijas a mamar otra vez de sus tetas, para nutrirse, alimentarse y fortalecerse para dar batalla y librarnos del monstruo y que se haga verdad aquello de encontrarnos unidos, pero no dominados.

 

 

 

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