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Foto: Bernardo Ávila

“¿QUIÉN DIJO QUE TODO ESTÁ PERDIDO?”… OFREZCAMOS EL CORAZÓN…

16/02/2019

Quiero creer, creer y así tener la certeza, tener la certeza y así seguir dándole espacio a los sueños. Darle espacio a los sueños y así volver a subir los peldaños que quedaron inmóviles. Volver a subir los peldaños y que ese colectivo construido recobre sus fuerzas. Que ese colectivo recobre sus fuerzas para así seguir creyendo y creando esa Patria que nos merecemos.

Por Mara Fernández Brozzi

Quiero creer que esa imagen que ya forma parte de la historia aún no escrita de esta Argentina en carne viva, esa imagen de esa abuela, tuya, de él, de ella, mía, de cualquiera, de todes. Esa abuela que con su bastón como centinela de sus pasos rotos y lentos se inclinó a recoger una berenjena, y su espalda se rodeó de escudos policiales, que portaban gases y maldad en sus uniformes, que portaban órdenes y “obediencias debidas” y también convicción horrorosa de creer que se hacía lo que correspondía, que portaban furia y hostilidad, que portaban odio de clase hacia la misma clase que esos gorras pertenecen, creyendo no pertenecer. Quiero creer que esa foto salió de la lente para perforarte justo ahí, en el alma. Quiero creer que vos, aunque digas estar del otro lado de la grieta de la que estamos nosotrxs, del otro lado que confió y votó a quienes hoy nos desgobiernan, quiero creer que también te lastimó, también te perforó y no pudiste dejar de verla, y al verla llorar para adentro o para afuera, y gritar, y putear con todas tus fuerzas, y maldecir, sí, maldecir, a aquéllos que impartieron la orden y a aquéllos que la ejecutaron.

Quiero creer que tu humanidad sigue intacta, más allá de tu voto, quiero creer que te indigna, hasta el hartazgo y la furia, ver cómo se reprime el hambre. Sí, el hambre, directamente el hambre. Quien arroja tiros de gases lacrimógenos en una protesta pacífica de productores de la tierra, pequeños, pequeñísimos productores de la tierra, dispara en el pecho del hambre, de quien va recogiendo del suelo lo que puede servir para llevarse a la boca. Quien reprime el hambre es el mismo que genera el hambre. Pero ahora desde un doble lugar, más perverso inclusive, disparan al hambre con sus políticas y disparan a los hambrientos que levantan del piso lo que quedó del saqueo organizado de la policía.

Una imagen que recorrió el mundo y que quedará plasmada en la memoria colectiva de todos aquéllos que decidamos no olvidarla, y mucho menos perdonarla. Una imagen que salió de esa captura para capturarnos a todxs en un clima de época que no nos perdona ni el hambre ni la posibilidad de gritarlo, ni la panza que cruje ni la garganta que lo expulsa, ni el plato vació ni los pies descalzos que van a buscar una bolsita de verdura para hacerse un caldo. Quiero creer que aún no todo está perdido, que el dolor del otro te importa, o que se despertó ahora, al ver a esa abuela, que era tuya, mía, de él, de ella, sostener su dignidad con las pocas fuerzas que tenía para poder recoger algo de lo que el suelo le había dejado para poder llevar a su olla.

Quiero creer que aún la ves, y que la seguirás viendo cuando tengas que decidir qué tipo de país querés para tus hijxs, nietxs, para vos, para tu amor, qué tipo de mundo querés habitar. Quiero creer que son preguntas que vas a hacerte, desde el dolor de ver que ese dolor puede ser tuyo en unas horas, o unos meses. Quiero creer que se te estruja la piel al sentir que quien hoy llega a la instancia de tener que levantar del subsuelo de una plaza sublevada un trozo de verdura para comer y saciar el hambre no es un fanático desestabilizador, ni un kuka enceguecido, ni un choriplanero, ni un grasa populista, es un hermanx de tu Patria que quedó al margen de esta Patria. Es un igual a vos con las oportunidades de vida cercenadas, un par tuyo que ha sido mutilado hasta en su capacidad de sobrevivencia. No se vive yendo a un feriazo para poder comer algo, se sobrevive en la desesperanza no ya de un futuro, sino de un presente digno.

Quiero creer que aún podemos creer que la humanidad no está del todo muerta. Agoniza, sí, pero quiero creer que no ha muerto en un para siempre.

La mirada sobre esa imagen de esa abuela en esa plaza, en esa represión, en ese hambre explícito, en esa gestión macabra explícita, en ese humo de esos gases, en esa llaga recrudecida al punto de dolernos mucho, a todxs. La mirada sobre ella debería ser materia obligatoria en el todos los días, todos los días hasta que los días empiecen a ser distintos, todos los días hasta que logremos virar el rumbo de esta Patria que sangra, ruge, grita, vomita, urge el ser salvada. Materia obligatoria esa mirada, mirarla fijo, detenidamente, conscientemente, solidariamente, dolorosamente, mirarla y verla, para que no dejemos de ver lo que nos pasa, no al lado, nos pasa por encima, y nos aplasta. Mirarla para que podamos hacer carne al otro al punto de hacer lo sobrehumano para poder transformar lo que hoy destella desidia, maldad, abandono, odio, indiferencia, crueldad. Mirarla y verla. Mirarla y vernos. Y no dejar de preguntarnos nunca: ¿Qué Patria queremos que nos habite?

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