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Foto: Gabriela Manzo
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# YO ABORTÉ

17/06/2018

Siempre me cuidé con distintos métodos anticonceptivos desde un diu hasta preservativos Nunca fui una inconsciente, ni fui irresponsable de mi vida, tomé las decisiones que creía en ese momento eran las mejores. Y las tomé sabiendo las consecuencias. No busqué embarazarme para abortar. Nadie en sus cabales quiere pasar por una situación así. Simplemente la vida me puso en dos circunstancias totalmente distintas.

Por Gabriela Manzo

Yo Gabriela Manzo aborté y aborté dos veces en circunstancias muy distintas. La primera vez estaba casada tenía un hijo de casi tres años, me había realizado una radiografía seriada de estómago y tenía dudas de estar embarazada y así fue. Ante esa encrucijada consultamos al que era mi ginecólogo respecto a los rayos que había recibido. Fue contundente, me miro a los ojos y me dijo “si vos fueses mi mujer ya estoy llevándote a hacer un aborto”. Si él nos lo sugería no había nada que pensar. Era un médico al que le teníamos confianza por su trayectoria, su humanidad y su calidad de persona. Nos recomendó a otro médico que solía atender “casos similares”. Fuimos a la primer consulta en la que nos explicó en que consistía “el procedimiento” que no iba sentir nada, que era como despertar de un sueño profundo y después iba a tener un sangrado casi como una menstruación normal en el que estaba garantizada las condiciones de seguridad de higiene etc, etc, etc. A los tres días estaba acostada en una camilla de un consultorio despertando con la mitad del cuerpo desnudo muerta de frío de la anestesia general. Nos fuimos a la casa de mis padres, en ese momento vivíamos con ellos. Mis padres jamás me juzgaron, ni me cuestionaron, ni preguntaron, simplemente acompañaron esa decisión. En ese momento pudimos pagar ese aborto juntando todo lo que teníamos y creo que hasta pedimos prestado dinero, era mucha plata. Volvimos a la semana a ver a mi ginecólogo el que se horrorizó cuando le relate que el médico me había hecho un palpado de mamas y me dijo “No no entiendo eso no tiene porque hacerlo” lo cual fue horrible como me sentí, además de someterme al aborto, el hijo de la gran yuta me había manoseado.

La segunda vez tenía 41 años estaba divorciada hacia 6 años, tenía ya tres hijos de 10, 12 y 17 años, trabajaba 12 horas casi sin descanso y estaba fuera de mi casa 14 hs. Transitaba una relación totalmente inestable con “un carilindo figurita de tv”. Recuerdo exactamente el momento de la “procreación” porque fui insistente en que se ponga un profiláctico, cosa que no ocurrió. A las semanas estaba esperando el resultado del eva test en el baño de mi casa a escondidas. Volví a ver a mi ginecólogo el mismo de siempre que me preguntó ¿estas segura? “y si... estoy divorciada tengo tres hijos y esta relación es inestable, no puedo llevar adelante un embarazo en estas circunstancias.” Me miró y me dijo: “mira es tremendo esto, debería ser legal no te imaginas la cantidad de chicas que me consultan o porque son menores y vienen con sus padres y no quieren que su hija siga ese embarazo o llegan ya con abortos hechos en lugares horrendos en los que con suerte las arruinan dejándoles secuelas para siempre, pero al menos siguen vivas.”

Esta vez me mandó a otro médico, otro consultorio frío y oscuro en un primer piso por escalera. Fue todo muy rápido tuve que pagar antes y hacerme cargo de todo porque “el carilindo” acusaba no tener un centavo (cosa que no era cierta) pero yo no podía esperar, cuanto más tiempo pasara mas riesgoso era. Recuerdo la tremenda culpa que sentí porque el costo del aborto era todo el dinero que estaba juntando para irme de vacaciones con mis hijos, a los que sola nunca había podido llevar a ningún lado después de separada.

Me desperté en un cuarto oscuro en una camilla fría y una mujer que sería la enfermera o asistente me dijo “bueno tomate estos antibióticos durante 7 días, ya te podes ir hace reposo al menos 24 hs”. En el otro cuarto estaba “el carilindo” esperándome ya que no había llegado a tiempo a buscarme por mi casa y fue directamente al lugar donde mi hice el aborto. Me llevó a la casa de mi hermana, en ese momento ella con cáncer pero entera ya había militado durante al menos dos décadas cuestiones de género y la despenalización del aborto también. No me dijo nada, no me juzgó, no me cuestionó. Me acosté en el sofá y recuerdo como Laurita -mi hermana- lo miraba al sujeto, lo quería matar. Porque yo como muchas mujeres en esas situación cubrimos, amparamos o justificamos al otro, en este caso era “no tiene plata, pobre al menos me acompañó hasta acá.” Con el tiempo creo que fue un gran ególatra y egoísta que pensaba solo en limarse las uñas.

Siempre me cuidé con distintos métodos anticonceptivos desde un diu hasta preservativos Nunca fui una inconsciente, ni fui irresponsable de mi vida, tomé las decisiones que creía en ese momento eran las mejores. Y las tomé sabiendo las consecuencias. No busqué embarazarme para abortar. Nadie en sus cabales quiere pasar por una situación así. Simplemente la vida me puso en dos circunstancias totalmente distintas. Cuando quedé embarazada de mi primer hijo lo asumí con alegría, ya había fecha de casamiento. Fué un bebé hermoso, deseado y criado con todo el amor del mundo, podría en ese momento haber decidido otra cosa, yo tenía 21 años, una carrera adentro y otra recién empezada en la facultad y sin embargo decidimos tenerlo porque eramos conscientes que era fruto del amor y que era solo adelantar algo que ya habíamos planificado, que era vivir juntos y formar una familia.

En las dos oportunidades que aborté nunca me hicieron ningún estudio previo ni me tomaron la presión, ni una ecografía. Las dos veces con anestesia general. ¿Como sabían cual era la dosis justa? en las dos oportunidades fue en consultorios fríos, oscuros y sin ninguna contención psicológica, sintiéndome la peor de todas En la primera ocasión tuve el apoyo del que era mi marido y de mis padres también. La segunda vez estuve prácticamente sola, alguna amiga, mi hermana pero nada más.

De eso no se habla, eso no se dice. Eso es pecado, eso es ilegal eso, eso, eso.

No somos asesinas, no somos irresponsables. Todo el peso de la condena de la sociedad cae siempre con ese gigante dedo acusador sobre nuestras cabezas y nuestros cuerpos.

Ayer me desperté angustiada había tenido un sueño raro en el que viajaba en el tiempo con situaciones que no quería revivir. Entre mates y tostadas le conté a mi compañero Nicolas Foong, con el que estamos juntos hace casi 5 años, mi historia, una parte ya la sabía la otra no. Lloré, me sostuvo la mano, me abrazó, me escuchó sin juzgarme, sin preguntas capciosas y sin esperar nada más que lo que yo le contara. Fue un gran alivio y me dio fuerzas para poder escribir este, mi relato, una pieza de un rompecabezas con millares de historias que salen a la luz en estos días de tanta oscuridad.

Si la ley sale habrá más justicia social. La democracia habrá saldado una deuda

Si la ley no sale, el aborto seguirá siendo clandestino y el rompecabezas seguirá creciendo con historias y más historias y muchas de las piezas serán las de las mujeres que siguen muriendo en la clandestinidad sin amparo del estado, desangradas de dolor, desaparecidas de un sistema cínico e hipócrita con doble moral. Pero seguiremos luchando

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