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EL IMPERIO DE LOS PERVERSOS

14/09/2018

El gobierno de Macri, lleva el sello propio de las perversiones del sistema capitalista, entre ellas la creación de una industria de la destrucción, la falacia y la mentira.

Por Eduardo Silveyra

Antonin Artaud define al emperador romano Heliogábalo, como a un anarquista coronado, es decir a un soberano que goza de todas las libertades imaginables para concretar todos los deseos que vengan a su antojo. Esa libertad ilimitada, encarnada en un individuo por encima de todos los demás, sobrepasa muchas veces los límites de las instituciones que conforman al imperio y al estado gobernado. Es perverso siempre el sometimiento a un tirano del deseo, si nadie se rebela al papel de objeto al cual ha sido destinado.

La realización de todos los deseos, conlleva un acto de poder sin culpas, solo concebible en la mente afiebrada del perverso y el psicópata. El neoliberalismo tiene casi la misma estructura política, que la psicopatía que podemos simbólicamente atribuirle a un Heliogábalo, quien solo gobernó cuatro años –desde los 14 a los 18 años- hasta que el delirio acabó, al morir asesinado por la guardiana pretoriana, quien libró así de esa dictadura a los romanos.

El neo liberalismo, tiene también un compuesto anarquista en la relación con el estado, solo que es de  derecha y no utópica, los fines destructivos del aparato estatal son concretos y en provecho propio, no hay idealización posible de un sueño mitológico, en el soñar despierto de un proyecto colectivo. Todo lo contrario, el capitalismo es el deseo encarnado en la perversión concreta de los ricos. Para eso, el estado debe ser destruido y avasallado, solo puede perdurar aquello que, puede ser apropiado como un bien objetivo o como una institución, desde la que se instituye el poder en provecho de una minoría.

La filosofía de la riqueza es muy pobre, resulta paradojal, pero tiene esa economía de la miserabilidad en su discurso, y otros derrames tan funestos puestos en práctica, como la brutalidad, el exceso, la tortura, la mentira, el engaño y la muerte. Pueden prometer construir 1.000.000 de casas y no hacer ninguna, pero elevar los alquileres a los niveles más altos que se conozcan en la Argentina, solo comparables a los que se cobraban en 1919, donde el costo del alquiler de una pieza de conventillo insumía el 60% del salario real de un trabajador. Eran los primeros años del siglo XX, donde también una camarilla oligárquica y liberal, devenida de la colonia, se había adueñado del aparato estatal y disponía para sí de los bienes públicos sin otorgar derechos o solo los necesarios para el funcionamiento del sistema.

No es casual la constante mención de Macri a los 70 años de cosas mal hechas en el país, lo cual nos retrotrae a la Argentina pre peronista, es decir a una Argentina sin derechos laborales, sin presencia del estado en educación y salud. El discurso y la praxis de Cambiemos apunta en esa dirección, cuando dicen que la salud es un tema de cuidado individual, de lo que en verdad hablan, es del cierre de hospitales o el despido de médicos y por consiguiente del abandono de que aquellos que no hicieron mucho por cuidarse y eligieron vivir una vida poco saludable; aunque el muerto sea un fumigador envenado con el agro químico con el cual fumigaba plantaciones de soja en un campo posiblemente usurpado a una comunidad campesina o talado a un monte nativo.

En los 70 años de mal funcionamiento del país mencionados por Macri, -que comenzaron siendo 35, pero eso comprendía avalar la dictadura y no está bien visto o es necesario mostrarlo como tal- los gobiernos peronistas otorgaron derechos laborales, sanitarios, educativos e inclusivos. La reconversión de muchos ministerios a secretarias y su desaparición como  es un viaje a la Década Infame. Los ministerios de Salud Pública y de Trabajo, no existieron antes de la llegada de Perón al gobierno. Existía el de Ganadería, reconvertido en el primer año de gobierno macrista en Ministerio de Agroindustria, la política real a la cual se iban dedicar, dejando de lado a la Agricultura Familiar, de la cual proviene el 80% de los alimentos que consumimos diariamente. El despido de más de 600 técnicos de la Secretaria de Agricultura Familiar, apunta al total desguace y desprotección  de ese sector productivo, en beneficio de la agricultura industrial, que necesita una renovación permanente de tierras para mantener o aumentar sus producciones.

No son casuales los cambios de Cambiemos. Parte de los fondos del presupuesto correspondiente al Ministerio de Educación va a parar por decreto al Ministerio de Seguridad. En un país donde las políticas aplicadas son de usurpación y despojo, la masa de despojados crece desmesuradamente. El aparato productivo interno destruido genera pobreza y miseria y en la lógica  de poder, del mandar mandando, en la cual está sostenido este sistema, los que son mandados a golpear trabajadores despedidos en una protesta, deben estar bien pagos. Los jefes de Recursos Humanos, que elaboran listas de despidos al azar, porque no se trata de personas sino de números calculados en el ajuste, deben estar bien pagos. Todo represor está bien pago.

El saqueo es una bomba de tiempo. Puede explotar una garrafa de gas y matar a dos docentes en una escuela de Moreno. Pueden cerrar las escuelas 40 días para ser reparadas y  pasado el término no haber hecho nada y los maestros hacer ollas populares para que los pibes  puedan comer, porque esa comida no la tienen en su casa. Y esa maestra cocinera puede también, ser secuestrada, torturada por una patota parapolicial o policial, para que deje de hacer política, con la amenaza rasgada en su panza con un punzón: No a la Olla. Sin embargo, más allá de los intentos despolitizantes, en algún momento todo se vuelve político y es cuando las mayorías toman conciencia real del desastre. Tal vez, no falte mucho para que eso suceda y habrá que organizar el movimiento.

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