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SOCIEDAD Y DERECHOS HUMANOS

EL MIEDO PARALIZA, NO MOVILIZA

06/05/2016

El miedo paraliza, no moviliza, murmuran los trabajadores del Estado que afrontan despidos sistemáticos por goteo, un plan trasladado desde la esfera privada que busca complejizar la organización de los trabajadores. La metodología utilizada es el desgaste, la persecución ideológica y el fraccionamiento de los empleados públicos.

Por Lucía Presta

La atomización del conflicto parece diluirse con el paso del tiempo que desconecta y aísla un hecho del otro. La inevitable respuesta fragmentada a sucesos que se separan en el tiempo se suma a la paranoia que genera el destape adrede de la existencia de listas negras de trabajadores. Es inexorable la pregunta por el criterio utilizado para confeccionar esas listas, sumada la complicidad de algún gremio que parece tener más diálogo con los funcionarios que con los trabajadores que debe representar. Cóctel perverso que la revolución de la alegría comenzó con una pizca de sálvese quien pueda, que las brasas arden y en el horno, ó en el aparato estatal, no cabe ni uno ni una más. “La organización vence al tiempo” mientras se continúa con la tarea de organizar colectivos de lucha fuertes, el miedo y la desesperación sirven de contención al conflicto que desafía y desgasta.

Elaborar un discurso que argumente el ajuste, utilizando los medios de comunicación amigos para instalar la idea de un Estado plagado de ñoquis, probables militantes, categoría que después de 40 años, vuelven a instalar peyorativamente. De ahí que, en el escenario de la grieta parece más fácil re-dirigir el odio al trabajador estatal para servir al argumento del Estado ineficiente.

Sin embargo, no debemos perder de vista los puntos en común que cohesionan y le dan sentido a esas expresiones populares: el auto-reconocimiento de ser trabajadores. Así que tendremos que estar a la altura de las circunstancias para superar disidencias y diseñar nuevos modos de interpelar-nos como tales. Los puntos en común siempre son una buena base para comenzar a construir vínculos que, en su evolución, podrían conformarse como colectivos de lucha. Anclados en la condición de clase trabajadora, agobiada por el plan de ajuste económico, la consecuente pérdida del salario real y los métodos de despidos desgastantes, persecutorios y perversos. Por eso, todo intento de quitarnos ese derecho atenta contra nuestro ADN y nos podrá llevar más tiempo del deseado, pero cuando nos levantemos de los golpes van a entender que “donde hay una necesidad, nace un derecho” aunque también, donde hay un derecho, nace la necesidad de luchar para defenderlo.

 

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