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EL OLIMPO HA CAÍDO

01/09/2016

61 a 20 son los números de la ignominia. Dilma Rousseff fue finalmente destituida por el senado brasileño. Ha comenzado el día más oscuro para la democracia latinoamericana desde el golpe a Allende en el ’73.

Por Rubén Acosta

"Vi compañeros mientras eran violentados y hasta asesinados. Era muy joven, tenía mucha esperanza en la vida. Tengo secuelas de tortura en el cuerpo y el alma, pero no cedí y resistí, resistí las tempestades del terror. Continué luchando por la democracia. Hoy, como en el pasado, resisto. No esperen de mí el silencio de los cobardes. No lucho por mi apego al poder, lucho por la verdad y por la justicia. Lucho por los pobres de mi país." (Dilma Rousseff).

 

Con estas palabras la ex presidenta de Brasil se despedía del cargo en la que la voluntad de 54 millones de brasileños la había colocado, en su segundo mandato (y tercero consecutivo del Partido de los Trabajadores)  dirigiendo el rumbo del gigante de la región.

61 senadores de diferentes coaliciones y partidos, también algunos que hasta el momento habían formado parte de la coalición de gobierno, votaron a favor de la destitución de la heredera de Lula por considerarla responsable de lo que se denomina “crimen de responsabilidad”  por el uso de fondos de bancos públicos para cubrir programas de gobierno. El argumento era que esa práctica está prohibida por la ley de responsabilidad fiscal.

No es menor aclarar que todos los gobiernos desde la vuelta de la democracia en 1985 han hecho uso de esta herramienta de equilibrio presupuestario que consta en trasladar partidas a los efectos de agilizar la obra de gobierno.

¿Ahora porque era necesario sacar a Rousseff del medio? Habremos de hacer un poco de historia.

La intervención norteamericana en los procesos democráticos de Latinoamérica no es una novedad. En 2008  Manuel Zelaya fue destituido por haber desobedecido la orden del Tribunal Superior de Justicia que lo conminaba a no llamar a un referéndum que serviría para reformar la carta magna de aquel país, condición necesaria para llevar adelante una reforma agraria. El parlamento hondureño lo destituyo y asumió el poder Roberto MIcheletti, miembro de la misma coalición que Zelaya y este garantizó el no llamado al referéndum  y allano el camino para que Porfirio Lobo (conservador y de excelente relación con EE.UU.) fuese electo presidente.

El Paraguay de Lugo fue escenario en 2012 de otro golpe blando llevado adelante desde el Departamento de Estado regenteado en ese momento por la actual candidata demócrata Hillary Rodham Clinton.  Fue acusado de tener la responsabilidad política por los enfrentamientos entre campesinos y policías ocurridos días antes en Curuguaty,  una zona rural al norte del país, con un saldo de diecisiete muertos.

 Esto derivó en un juicio sumarísimo en el cual fue destituido, para que su vicepresidente Federico Franco tomara las riendas de un país que por primera vez en su historia había salido del derrotero de oprobio al que lo había condenado la dictadura de Alfredo Stroessner. En las elecciones posteriores un empresario de poco fuste político, presidente de un club de fútbol y  bien visto por la embajada yanqui y los centros de poder financiero, logró llegar a la primera magistratura paraguaya. De Horacio Cartés hablo, cualquier coincidencia con Mauricio Macri no es pura casualidad.

En Bolivia, Ecuador y Venezuela los esfuerzos por derrocar los procesos populares han sido bastante menos sutiles. La violencia política financiada por la CIA a través de fundaciones y ONG’s  en esos tres países no han tenido frutos hasta el día de hoy. Venezuela acaso sea el más frágil de todos en este momento: el gobierno de Nicolás Maduro aguanta contra las cuerdas los embates de la derecha reaccionaria venezolana merced a la crisis económica provocada por la baja del precio internacional de los comodities relacionados con el petróleo.

La crisis en Argentina con las patronales agro exportadoras  en 2008 tal vez haya sido el primer globo de prueba para generar una crisis política que desestabilizara a un gobierno que venía de salir victorioso en 2005 con el no al ALCA que marco un retroceso en la política de comercio exterior del regente del norte.

Finalmente todo este camino llego al 31 de agosto de 2016 en Brasilia en donde el hermano mayor, la locomotora que era capaz de llevar adelante la transformación de toda la región cayó en manos de una restauración tan conservadora y reaccionaria como desfachatada, se haya visto en Sudamérica. Todos los acusadores de Dilma están ya sometidos a proceso por delitos inmensamente peores que aquellos por lo que fue destituida la ex mandataria.

La esperanza de la reconstrucción de un plataforma política que represente los intereses de los trabajadores estará cifrada en la capacidad de armado de Lula a quien una vez más la historia pone delante de una encrucijada, situación que se podría trazar en paralelo con el lugar que la historia le ha deparado a Cristina Fernández de Kirchner en la Argentina.

El 2019 será el punto de partida para la recuperación democrática de los valores que llevaron al sueño de la Patria Grande o bien será la continuación de la pesadilla en la que los trabajadores de la América toda son la moneda de cambio para sostener la renta de los poderosos.

El tiempo será testigo.

 

 

 

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