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EL TIEMPO DE LOS ASESINOS

22/10/2018

Las perversiones del neoliberalismo, se apropian de los cuerpos, del pensamiento y destruye todo aquello que nos representa como humanidad aliado a un ejército de ciudadanos neutros.

Por Eduardo Silveyra (Integrante de la Usina de Pensamiento Nacional y Popular)

Asesinar al padre para disponerse a hacer algo importante, señala Freud en su filosofía psicoanalítica y revelada en las presencias fundantes de un discurso imbricado en las vidas de Jesús, Buda, Mahoma y Edipo. Podemos hablar desde una politicidad religiosa enfrentada al poder, tanto en Cristo como en Mahoma y en la existencia abandonada al devenir en Gautama Siddhartha Buda, pero Edipo no disputa poder, es arrojado a esa lucha por dioses despiadados, quienes le trazan un destino infausto como lo es, matar al padre, acostarse con la madre y coronarse rey, para después cegarse ante la culpa otorgada por los actos ominosos en la conciencia de un hombre abandonado al devenir. El ser consciente nos hace humanos y la inconsciencia nos vuelve lo contrario. El psicópata, exhibe un costado inhumano al soslayar la ética en su accionar. Sí, también mata a su padre, para dar rienda suelta al deseo de poder, siempre concluido en una gran obra criminosa, como la llevada a cabo por Mauricio Macri en esta llanura rala, 2400 años después que Sófocles escribiera su tragedia, heredada de otras mitologías.

Franco Macri, es el extranjero signado para cumplir una alianza, donde une a la N´Dragheta con la oligarquía criolla,  concretada con una ofrenda donde desposa a Alicia Blanco Villegas a la edad de 15 años -como sucedería en la narración de una película negra- es la realidad trazada en el imaginario de lo perverso. El triunfo patriarcal reluce, se muestra en la plenitud de la semblanza, de ese padre, macho de una púber patricia, de la cual se divorcia cuando ella pierde el divino tesoro de la juventud y así entregarse a la seducción de adolescentes plebeyas, a las cuales convierte de peluqueras barriales en Ceos de multinacionales afincadas en China. Las conversiones de Franco Macri, tienen una correspondencia con la ética de Pigmalión y la estética devenida de la cultura provenida de Europa e impuesta o heredada, en el lazo atado con la oligarquía tributaria de esa cultura.

“Mi hijo no puede ser presidente, no tiene corazón”, advierte el padre despojado de todas sus potestades y asesinado en la apropiación de sus bienes y en la perdida de una religiosidad seductora, radicada en el placer de los cuerpos turgentes. Algo late en su corazón, tal vez maldiga al vástago inescrupuloso que lo inhabilitó y lo confinó en un encierro lujoso, pero sus maldiciones solo hablan de la nostalgia de un poder arrebatado y surgen desde el lugar opuesto al que sufren  los afectados por el cierre de hospitales y escuelas. La maldición de quienes pierden el trabajo y pasan a engrosar el número de pobres, es de índole dolorosa. La ofensa de sentar en el sillón presidencial a su perro, es del orden simbólico, en un país de tontos hasta un perro puede ser presidente, nos dice y en esa acción podemos encontrar otros atributos negativos otorgados a la política, no por algo sus votantes se enorgullecen de ser apolíticos.  En ese universo del placer perverso del mal, también suma la contracción de una deuda externa ruinosa para la economía del estado y el pueblo, de la cual saca tajada junto a sus socios de correrías.

Más allá de sostenerse en el gobierno por el blindaje de los medios de comunicación hegemónicos y por la construcción de un sujeto de opinión de naturaleza neutra, en los cual los lugares comunes del  discurso usado cuando se pretende señalar las fallas y la destrucción llevadas adelante por el gobierno, son: “Trabajé toda la vida”, “Los políticos son todo lo mismo”, “A nosotros nadie nos dio nada” y el concluyente e ilusorio, “Si todos trabajamos vamos a salir adelante”. Nada de esto es nuevo y ha sucedido otras veces en la historia, basta mirar el engranaje de propaganda montado por el nazismo –tampoco es novedoso decir que usan la misma metodología- para apropiarse, sostenerse y sembrar millones de muertos en el territorio europeo en pos de una ilusión de dominación que solo sembró cadáveres  y ruina.

Podemos elaborar hipótesis y teorías acerca de la perversión en los actos de quien gobierna, pero esa perversidad no es vista por esos sujetos cuya aparente neutralidad se desplaza al odio apenas la ponemos en evidencia. A mi costado la chica de clase media, elige unas mandarinas, ayer estaban a $17 y hoy las mismas en el mismo supermercado aumentaron el precio a $29. Se lo comento y ella sobreponiéndose a cualquier perturbación, responde casi mirar:
-Son tiempos para tomarse las cosas con mucha filosofía, yo creo que Macri es lo mejor que nos puede haber pasado, esta vez si nos sacrificamos vamos a andar muy bien. Antes vivimos una mentira, yo estoy muy contenta -se confiesa- mientras blande la bolsita con solo tres míseras mandarinas. Y remata, ya sin mansedumbre:

-Antes había odio, ahora ilusiones.

No casual que ella y una masa neutra que ha elegido votar en contra de sus intereses, al hablar de “antes” lo haga de un modo peyorativo, acusatorio y cargado de desprecio. No han creado un sujeto histórico, son tan solo el objeto de una historia con la cual se sostiene un gobierno de ricos y miserables. La lucha se puede establecer entre ilusión y utopía, aunque tal vez sean momentos de establecerla entre la realidad efectiva y ese campo ilusorio poblado de autómatas paridos por lo perverso, a los cuales se les inculca apartar a aquellos considerados “veneno social”,  capaces de pinchar el globo y mostrar las cosas tal cual son.

 

 

 

 

 

 

 

 

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