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EMPRESAS RECUPERADAS Y AGRICULTURA FAMILIAR, UN DESAFÍO POR DELANTE

04/03/2020

Entrevistamos a Eduardo “Vasco” Murúa, referente del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, hoy al frente de una secretaría en el Ministerio de Desarrollo Social y donde se plantea el desafío de integración productiva con las cooperativas de la Agricultura familiar.

Por Eduardo Silveyra

¿Cómo vivieron las empresas recuperadas los cuatro años de gobierno macrista?

Fue una situación difícil, principalmente por la política económica que desarrollo el gobierno, de  ataque al conjunto de la producción. Eso perjudicó a las pymes, pero a las empresas recuperadas las afectó más porque el aumento de las tarifas, la devaluación y esos costos no se podían trasladara a los precios, así que hubo una baja importante en la rentabilidad en las empresas, con la consabida baja del salario. Hubo que hacer un mayor esfuerzo en el tema productivo y en el tema salarial. En el tema jurídico también se complicó la situación, porque tanto sea el gobierno nacional, como el de la provincia, tuvieron una política de no expropiación y de no atender los reclamos de expropiaciones. Así que no solamente tuvimos el problema principal que es el de la demanda y el del poco trabajo que tuvieron las empresas, sino que se sumó el problema judicial al borde de situaciones de desalojo. Así que la afectación, fue al conjunto de muchas empresas que venían trabajando y que tenían un salario acorde con lo que se hacía y las pusieron en una situación de crisis casi terminal.

¿Está contabilizado el cierre de fábricas y empresas durante estos años?

Hubo cierres de fábricas, de pymes que igual se recuperaron, pero empresas recuperadas no cerró ninguna, si se afectó mucho la capacidad de compra de los trabajadores de esas empresas, porque como te decía, bajó mucho la rentabilidad de las mismas y por ende el salario, porque esa rentabilidad va repartida entre los trabajadores, lo que nosotros llamamos retiro y otros llaman salario y ese fue el mayor efecto negativo. Pero no tuvimos la desgracia del cierre de empresas recuperadas.

¿Con este nuevo gobierno, ocupas un cargo como director del área de empresas recuperadas en el Ministerio de Desarrollo Social, hay proyectos de trabajo entre las mismas y las cooperativas de la Agricultura Familiar, otro sector muy golpeado por la política económica?

Nosotros creemos muy fuertemente en el desarrollo de la economía popular y creemos que somos un sector muy importante de la economía, que si bien no tenemos un nivel de facturación tan alto, si generamos un montón de empleo, así que esa complementación se hace fundamentalmente necesaria hoy. Pero hay que mirar hacia adentro de las empresas recuperadas y su problemática y los trabajadores deberíamos hacernos una autocrítica. Imagino que los trabajadores de la agricultura familiar también  deberán hacer la suya y preguntarnos el por qué no complementamos nuestras economías y por qué no ponemos el mayor esfuerzo y la mayor inteligencia para complementarnos como debiéramos. De hecho no hay todavía un intercambio real en toda la producción de la agricultura familiar y las empresas recuperadas, quizá el aporte del estado debería ser el de acompañar ese proceso, acercando las herramientas necesarias, tanto en la logística y el conocimiento y así poder aglutinar a los dos sectores, que para nosotros tiene que ver con lo mismo, que es ocupar, resistir y producir. Esto lo digo porque con los campos pasa lo mismo, lo importante es qué hacemos con esa producción y como la capitalizamos. El estado debería tener como norte esa complementación económica.

Hace unos años atrás, en Mendoza se daba el caso de una empresa metalúrgica recuperada que les compraba la producción de tomates a los agricultores familiares, para la fabricación de conservas y el enlatado…

Eso sería lo ideal. Nosotros, dentro del programa nuevo de empresas recuperadas, tenemos un punto que se llama, integración vertical de la producción y a partir de hacer centro en nuestras empresas, está la idea de una complementación económica y de acuerdos aguas abajo y aguas arriba, para llegar al consumidor final. Para eso necesitamos, un acuerdo con los agricultores familiares, con los productores avícolas, con los productores de carnes y ver como potenciamos este sector, asegurándoles la compra, apoyándolos económicamente para una mayor producción y asegurarles la compra de esa producción, que es lo más importante y también tener asegurada la demanda. Porque confiamos mucho en nuestros trabajadores, en lo que saben hacer. El problema es cómo esa producción, ese esfuerzo y ese sacrificio que hacen los trabajadores de la tierra y los obreros en la fábrica, después llegue al consumidor y cómo canalizamos la comercialización de esas producciones.

¿Hay una cifra concreta de cuántas son las empresas recuperadas y cuáles son, las que podrían sumarse a este proceso?

Son 390 empresas recuperadas, que independientemente de pertenecer al sector industrial, todas consumen todo tipo de alimentos. Específicamente de alimentación hay muchas o sea que con la agricultura familiar, hay una complementación para la producción de dulces, de conservas, lácteos, avícola, ganadera, con la que seguramente se pueden cerrar acuerdos. Con aceiteras en la compra de granos también. Pero fundamentalmente que la producción de la agricultura familiar vaya a la casa de nuestros compañeros, somos 16.000 trabajadores con sus familias, aparte en cada lugar podemos tener puntos de venta de esa producción. De hecho lo intentamos hacer con algunas empresas, como la cooperativa Río Paraná, que comercializamos su yerba Titrayju y con otras fábricas de fideos hemos comercializado sus productos. Tenemos que aceitar mucho eso, nosotros hemos generado una comercializadora en el IMPA, que ayuda un poco a tener ese contacto y poder comprarle a los compañeros. Seguramente, desde la agricultura familiar tendrán que afilar su herramienta, nosotros pensamos que si tuviéramos una moneda única entre todos, sería mejor para facilitar la comercialización entre nosotros, pero mientras no la tengamos usemos la inteligencia y el trueque para poder producir más.

Todo esto está muy ligado a los conceptos de economía popular y soberanía alimentaria, pero a veces hay cierta cosa difusa en el imaginario colectivo, con respecto a qué es todo esto.

Dentro de la economía popular, hay toda una discusión de quienes se integran o no, nosotros tenemos una idea más abarcativa de lo que es la economía popular, cuando hablamos de economía popular hablamos de los trabajadores de la tierra, pero también de pequeños y medianos productores y cuando hablamos de empresas recuperadas también hablamos de las pymes e incluimos también a los trabajadores del estado dentro de la economía popular. Ese conjunto está conformado por 11 millones de personas, que no viven en dólares, ni cobran en dólares, ese debería ser el espacio de la economía popular y ahí dejaríamos afuera a los que viven de los dólares, que son las empresas multinacionales, los grandes monopolios, que tienen otros trabajadores y que es otro sector de la economía. Por eso es importante, que por lo menos en la demanda, no en lo que hacemos cada uno, pero si en la demanda, compremos en la economía popular, porque es donde están esos 11 millones de trabajadores y sus familias.

Nosotros creemos que, si somos inteligentes desde las empresas recuperadas, desde los espacios de la agricultura familiar, desde los trabajadores del estado y de los trabajadores de las pymes, debemos lograr esa complementación, porque somos los que vivimos en pesos en este país y debiéramos comprarnos entre nosotros.

El enemigo central hoy son los grandes monopolios, que con su capacidad de vender y ganar muy por encima de los costos que tienen de producción, después a esa ganancia la convierten en dólares para fugarlos a paraísos fiscales. Fuera de eso, todo lo demás para nosotros es economía popular. Igual es toda una discusión, porque también cuando se habla de economía popular, se habla también de economía de subsistencia. Pero nosotros creemos que hay que dar este salto cualitativo y trabajar en la complementación del consumo de todo este sector.

Hablás de 11 millones de consumidores, lo cual es el número de un mercado importante, que compite con el mercado formal de las multinacionales.

Yo estoy convencido de que podemos realizarlo y hoy más que nunca porque  la renta tecnológica se murió y es más, estamos seguros que si hubieran condiciones de políticas claras, con respecto al estado y lo que dijo el presidente de la nación, que primero están los que menos tienen, nosotros creemos que si el estado es inteligente y trabaja en función de ponerle freno al poder monopólico las cosas pueden cambiar y bastante. Cuando se habla de Soberanía Alimentaria parece que Argentina  está en condiciones de tenerla, pero a la soberanía industrial hay que ponerle un poco más de fierros y de ganas, pero creemos que es posible. Una necesidad que no solamente tiene nuestra patria, sino que el mundo. Porque cuando se habla de Soberanía Alimentaria y Soberanía Industrial, lo principal es poder empezar a discutir entre los pueblos, cómo será la cuotificación de la producción e eliminar esa idea de la guerra comercial, en la que estamos todos sumisos, ante las grandes corporaciones multinacionales y empezar a producir lo que realmente necesitan nuestros pueblos. Porque a veces cuando se habla de economía popular, se la nombra como despectivamente, de compañeros que quedaron descartados y generaron su propio trabajo y para nosotros es otra cosa, es como le damos salida a un mundo que no tiene respuestas para que todos vivamos dignamente, porque hablar de hambre en nuestro país da bronca y debería ser erradicada de cuajo hoy mismo. Todos tenemos derecho a recibir lo necesario para alimentarnos y esto también es una decisión que debe tomar el estado, pero flaco favor nos hacemos si ese es el único objetivo, porque también hay que ver de qué forma nos alimentamos y con qué alimentos, una cosa es un producto de la agricultura familiar y otra un producto de la agricultura industrial.

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