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LA CULPA ES DEL OTRO

29/11/2018

La suspensión de la Final de la Copa Libertadores nos permite hacer un análisis de la falta de políticas públicas del gobierno, revisar el rol de los medios y la cultura del aguante.

Por Omar Mendoza

Es posible que el lector se imagine que de aquí en adelante encontrará frases hechas que cuenten lo sucedido  en una final de copa que no se pudo jugar en tiempo y forma. No es cierto. La idea es tratar de entender qué es lo que está sucediendo en torno a la  inoperancia política que tienen “los amantes del marketing y las frases tribuneras”, aquellos que gobiernan a través de escenas montadas, saludando a la nada, y cazando indios en la Patagonia. Los mismos que introdujeron a través de la falta de ideas y de soluciones, por medio de políticas públicas, la modalidad de “la culpa es del otro”.

En este caso en particular, y continuando con la construcción ficticia de un gobierno que persigue al crimen organizado, se les escapó la tortuga por segunda vez en una semana, días previos a los incidentes del Monumental, donde hinchas de River apedrearon el micro de los jugadores de Boca, la misma policía que fue espectadora de los piedrazos fue quien retrocedió chocando los patrulleros ante el avance de la hinchada de All Boys, días antes de lo acontecido en Núñez.

Estas acciones que dejan al descubierto la falta de políticas siguen siendo bien cuidadas por el periodismo hegemónico, quienes maquillan la realidad y tratan de emparchar para que nadie se de cuenta. Ese mismo sector que saca “la doble moralidad discursiva” carga contra “los barras”, aunque a la hora de hacer algunos puntos por televisión, los invitan y los tratan como personajes mediáticos y reconocidos en las tribunas. Recordemos las charlas de Fernando Niembro, periodista cercano al macrismo, junto con Di Zeo el ex jefe de la 12. 

Para desarrollar entonces una buena lectura es preciso recurrir a uno de los sociólogos argentinos, me refiero a Pablo Alabarces, autor de la teoría denominada “Cultura del Aguante”. Allí Alabarces define que los hinchas se manejan de forma organizada y legitimando la violencia como un espacio que les pertenece. “Para los integrantes de la barra, el aguante es el más importante de los bienes simbólicos que conforman su identidad. Éste sólo puede ser adquirido a partir de la acción violenta y no existe otra forma de probar su posesión” dice en su libro.

Por tal motivo nos lleva a pensar que la legitimidad y la legalidad llevan dos caminos distintos, donde la acción violenta que desafía al sector coercitivo del Poder estatal es una lucha constante que se transforma en una lucha política; donde lo legal y lo no legal quedan en una línea difusa “. La Cultura del Aguante” no pertenece a los inadaptados de siempre, a los marginales, a las clases populares; es un espacio donde no hay cultura especifica ni variables económicas. El problema de fondo es  producto de un Estado vacío,  esto se observa dentro de un Estado que no cumple con las mínimas obligaciones.

Dentro de un Estado enflaquecido y recortado que no puede, ni quiere, resolver los problemas de fondo, ya sea en el mundo del trabajo o las políticas sociales indispensables. Empujan a los sectores violentos a legitimar sus acciones de “bravos y guerreros”, beneficiándolos ante la sociedad idiotizada, Así, de esa manera, el gobierno continúa con la ideología de estigmatizar la pobreza y avanzar con la “mano dura” a los sectores sociales organizados. 

 

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