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ECONOMÍA POLÍTICA
Por Gonzalo Bonilla

LA SOBERANÍA EN SU LABERINTO

02/11/2016

El proceso de endeudamiento externo que se está produciendo desde que Macri asumió la presidencia ya supera los 30.000 millones de dólares. La Argentina está entrando en un laberinto del cual no es fácil salir, y esto está plasmado en el Presupuesto 2017. De esta forma, se está conduciendo al país hacia la pérdida de soberanía. 

Por Mariano Bonilla

El proceso de endeudamiento externo que se está produciendo desde que Macri asumió la presidencia ya supera los 30.000 millones de dólares. El pago de ganancias extraordinarias a los Buitres y el posterior aluvión de emisiones de deuda por parte del Estado Nacional, provincias y empresas, tan sólo son una arista de una política económica que nos está conduciendo a la pérdida de soberanía. La deuda externa no hace más que someter al país a la dependencia y condicionar el interés nacional.

El Estado emitió deuda en el exterior por 22.052 millones de dólares, las provincias ya llevan emitidos unos 7.050 millones y ciertas empresas al día de hoy se endeudaron por un total de 5.418 millones de dólares. Todo este nuevo stock de deuda fue colocado a través de pocos y grandes bancos de inversión como el HSBC, el JP Morgan, el Citigroup y el Deutsche Bank, entre otros. Por lo general, las tasas de interés varían entre el 6% y el 9%. Aunque provincias como Salta o Chaco han recibido tasas mayores al 9%, al igual que empresas como Clisa (infraestructura y servicios públicos) y Albanesi (energía). Datos extraídos de la agencia de noticias Bloomberg.

El número total de 34.520 millones de dólares es asombroso, porque aún no pasó un año desde que asumió el nuevo gobierno. Para el caso, es necesario remarcar la importancia del desendeudamiento público en dólares iniciado en el gobierno de Néstor Kirchner. Luego del año 2005, la deuda en moneda extranjera tuvo un peso relativo cada vez menor, en parte también por el buen desempeño de las exportaciones y al incremento en las reservas internacionales. Esta herencia fue un factor facilitador para el acceso al crédito internacional.  

El acceso al mercado de capitales se lleva adelante concretamente mediante emisiones de deuda. La Argentina adoptó esta modalidad en los 90 con la instrumentación del Plan Brady. A grandes rasgos, el principal cambio tuvo que ver con la forma que tomaron y se toman los préstamos y la manera de negociarlos. El proceso consta de la emisión de bonos o títulos preferentemente en moneda extranjera que bien podrán cotizar y circular libremente en los mercados financieros. Por lo tanto, es necesario advertir sobre el riesgo que conlleva esta nueva deuda, como caer en manos de inversionistas anónimos y de alto riesgo, o sea, Fondos Buitres. Tampoco hay que dejar de mencionar que todos los bonos que se emitieron (deuda externa) están bajo legislación de Nueva York, lo cual habilita la posibilidad de futuras demandadas en ese distrito, donde los intereses nacionales no pesan en lo más mínimo.

Hay otro fenómeno que vuelve a manifestarse fuertemente y tiene que ver con la restricción externa que sufre la Argentina: se trata de la fuga de divisas. Son recursos que dejan de ser percibidos por el Estado, y que no son reinvertidos a través de inversiones públicas. Datos oficiales del propio Banco Central dan cuenta de una salida neta de divisas por 10.243 millones de dólares en lo que va del año. Entran dólares vía endeudamiento y salen dólares vía fuga. Pero ¿Quiénes se benefician? Muy pocos, alrededor de unas 100.000 personas, todas dolarizadas ¿Quiénes se perjudican? Muchos, los 44 millones de argentinos que vivimos nuestra vida en pesos. Este es el verdadero cepo, el que separa a dolarizados de pesificados ¡Y no es herencia! Estamos ante una contundente transferencia de riqueza. Lejos están de ocultarlo, ya que desde mitad de año dejó de regir el límite a la compra de dólares, el cual habían aumentado a 5 millones de dólares mensuales por persona. Está a la vista que este es un gobierno para a una minoría.

Sin embargo, esto no es todo en lo relativo a la fuga, ya que en esos más de 10.000 millones no estamos teniendo en cuenta la remisión de utilidades al exterior por parte de las empresas extranjeras, tampoco las artimañas contables y jurídicas que estos grandes grupos empresariales desarrollan para eludir impuestos. Por lo tanto, la cantidad de dinero fugado es mucho mayor a la informada por la autoridad monetaria presidida por Federico “Terminator” Sturzenegger. La directa relación entre endeudamiento externo y fuga de capitales está demostrada en diversas investigaciones. Esta “puerta giratoria”, al permitir la huida de recursos de todos los argentinos hacia paraísos fiscales e inversiones en el exterior, constituye un obstáculo para nuestro desarrollo. Un obstáculo que no es novedoso, pero que actualmente se encuentra exacerbado y, paradójicamente, bastante ignorado.

¿Por qué se va a seguir tomando deuda?

La realidad económica argentina presenta varias dificultades, sin embargo, en relación a este tema en particular se destacan tres. En primer lugar, la economía presenta actualmente un déficit fiscal (ingresos menos egresos) superior al del año anterior en un 57,8% (medido hasta septiembre), principalmente por la disminución en las retenciones al sector agropecuario y al sector minero, también por la menor recaudación de impuestos a los bienes personales y a los autos de alta gama. Esto es problemático, pero fue y es consecuencia de una decisión política que es parte de un proyecto que no nos incluye a todos. Lo que viene haciendo el gobierno es tapar un poco ese déficit con un nuevo ciclo de endeudamiento en el exterior. El Presupuesto 2017 pronostica la continuidad en las emisiones de deuda, en parte porque se estima también que el resultado financiero será deficitario por casi 500.000 millones de pesos.

En segundo lugar, el Banco Central, a través del anuncio de Sturzenegger sobre metas de inflación para los años siguientes, informó que se dejará de prestarle financiamiento al Tesoro, en línea con la idea ortodoxa de independencia del Banco Central. Esto en la jerga económica se conoce esto como “dominancia fiscal”. Durante todo el 2015 (último año de gestión de Cristina Kirchner) las transferencias desde el Banco Central hacia el Ministerio de Economía tuvieron un nivel del 4,4% en relación al PBI. En cambio, en lo que va del 2016, la proyección de estos préstamos internos se acerca al 2,1% y se estima en un 1,5% del PBI para el año 2017. Es el gran dilema liberal de tener las cuentas ordenadas sin importarle lo que sucede con el pueblo. No es lo mismo un endeudamiento a nivel interno que en el externo. Ahora bien, en un año electoral como el que se avecina, una de las claves pasará por la reactivación de la obra pública (que implicará un mayor gasto) para así repuntar la actividad económica en general. Esto significa que el nivel de gasto público muy probablemente no sea reducido, ni gradualmente ni de manera de “shock”, tal como pide el ala más ortodoxa dura del macrismo, encabezada por Melconian. Pero mantener e incluso darle un leve impulso al gasto en un año electoral, en el que el gobierno pondrá todos sus esfuerzos en consolidarse, indica que se deberán buscar otros préstamos. Con cada vez menos apoyo financiero del Banco Central, la única vía posible que contemplan es ir hacia más emisión de deuda en el exterior.

En tercer y último lugar, al año electoral se le deben adicionar los intereses que deberán pagarse el año próximo. Según indica el Presupuesto 2017, el monto estará en unos 247.328 millones de pesos (al tipo de cambio previsto de $17, serán aproximadamente 14.548 millones de dólares). Es casi el doble de lo que se lleva pagado hasta septiembre de este año. Según la Fundación Germán Abdala, de $100 del proyecto del Presupuesto 2017, $10 se destinan a servicio de la deuda y sólo $1,30 van a Ciencia y Tecnología.     

La Argentina está entrando en un círculo vicioso del cual no es fácil salir, y esto está plasmado en el Presupuesto 2017, en el que se autoriza al Poder Ejecutivo a colocar “Deuda en Moneda Extranjera a Largo Plazo” por 46.500 millones de dólares. Los dos objetivos que tiene esta nueva deuda es refinanciar el stock de deuda ya emitido y cubrir el déficit fiscal. Antes de fin de año, empresas como Compañía General de Combustibles, Genneia, Central Puerto y Aeropuertos Argentina 2000, así como las provincias de Tierra del Fuego y Entre Ríos, están buscando financiamiento en los mercados internacionales de acá a fin de año, según informa Research of Traders. Las emisiones de deuda no parecen detenerse, y la contracara de este sometimiento externo (que incluye prácticas perversas como la fuga de divisas) es lo que estamos viviendo día a día, cada vez más recortes que conducen a una desigualdad que se acrecienta y a niveles cada vez mayores de pobreza e indigencia. Más deuda es menos soberanía, más ajuste y más pobreza.

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