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LA UNIDAD ES POSIBLE

30/07/2018

El sábado 28 último en la capital neuquina, se consagró un proceso que lleva construyéndose, dentro del peronismo provincial, al menos dos años pareciera, pero son más porotos de lo que se puede imaginar: asumieron las autoridades del PJ local con Marcelo Zúñiga a la cabeza (Sec. Gral. del Movimiento Evita de la provincia, y Concejal por UC/PJ desde diciembre pasado), acompañado, en la lista, por la más amplia gama de referentes políticos, sindicales, académicos, culturales y sociales de la ciudad de Neuquén.

Por Rocío Barrero 

Al ver la diversidad en los rostros de las cientos de personas que aguardaban en la sala para el comienzo del acto, recordé una nota de Rodríguez y Touzón, sobre la política argentina, a la cual califican de “sobrepensada y para nada ejecutada”. Allí los periodistas traen como ejemplo a líderes políticos que tuvo el campo nacional y popular, y que supieron interpretar la realidad, elevando un poquito la mirada, sin perderse en las eternas y añejas roscas políticas para pelear por el último orejón del tarro.

Que Zúñiga, o el Kawuan, como lo llaman sus amigos de militancia de allá por los ’90, represente la síntesis de las fuerzas políticas que recuperaron la banca peronista en el Concejo Deliberante de una de las ciudades más desiguales de la Patagonia, y que sea, desde el sábado, el conductor del Justicialismo en la Ciudad, no es casualidad ni mucho menos mérito de un día. Es la ejecución de una de las demandas que los militantes del peronismo provincial venimos solicitando desde hace años. ¿Se sobrepensó? Si, bueno, como todo en política, pero acá estamos. Y se logra ejecutar en uno de los escenarios más crudos de la historia argentina. Dejamos de pensar y empezamos a actuar. Más vale tarde que nunca.

Aquí están, estos son, los muchachos de Perón. Y las muchachas, porque sin ir muy lejos en el armado local, la flamante vice presidenta es Soledad Salaburu, cabeza del Movimiento Evita de la Ciudad y militante de ATEN, quien refresca, junto a otras compañeras, las viejas paredes del PJ, con pañuelos verdes y violetas y cantitos de “Se va a caer, se va a caer…”, aunque muchos rechinen los dientes. Y acá estamos también.

Estos son los nuevos liderazgos que demandamos: liderazgos humanos, que pusieron el cuerpo en los 90, tirando piedras al capital. Que pusieron la cabeza y vivieron el clímax militante de los 12 años nacionales y populares. Que el viento que comenzó en el 2015, los volteó pero no los arrancó. Y que gracias a todos esos años, interpretan la realidad actual y venidera, porque se suben a un banquito para mirar un poco más allá, y les daría vergüenza ocupar cargos testigos o impuestos, que a otrxs se los regalan.                

El sábado fue el punto de cocción de una masa que se viene leudando desde hace años al calor de la Unidad en todos los ámbitos, sin peros ni porqués, unidad lisa y llanamente, sin miedo a la autocrítica ni a los procesos internos. Dispuestos a sentarse a estudiar y a reincorporar las demandas de una sociedad que culturalmente cambia cada año, y que exige de cada uno de nosotros, ocupemos cargos o no, reinterpretarla para estarle cerca, siempre cerca. No more grieta, por favor.

“El sueño que les quiero proponer es hacer todos los esfuerzos necesarios para que en los próximos años se haga realidad la construcción de una ciudad más justa y más inclusiva” arengó Zúñiga en una parte de su discurso, y es inevitable hacer referencia al General en la doctrina justicialista de la igualdad de oportunidades, y al sueño que nos propuso Néstor en 2003. Es que de ahí viene Zúñiga, con esos dos ingredientes fundamentales.

Pero no sólo invitó a soñar, sino que encuadró a más de uno, y frente a referentes del MPN (Oficialismo provincial), de Libres del Sur, de PTP, del Kirchnerismo más acérrimo, frente a los peronistas más duros, frente a organizaciones sociales como  CTEP, Barrios de pie, Empoderadas, frente a todos esos rostros que demandan y juzgan y prometen y sueñan, invitó a abrir bien los brazos, y dejar de creer que somos el ombligo del mundo porque “con nosotros solos no alcanza, y el enemigo que tenemos en frente es muy fuerte y poderoso”.

Algunos aplaudieron, otros, a quienes no les gustan los retos se miraron de reojo, pero los gritos y los bombos de aprobación vinieron desde atrás, de los últimos de la fila.

Vuelvo a citar a Rodríguez y Touzón, que dicen que “un día se cristaliza. Un día se interrumpe la rosca y se hace historia”. Bueno, ese día llegó a la Ciudad de Neuquén. Todo un palo, ya lo ves.

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