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Foto: Gabriela Manzo
Colectiva Fotográfica La Negra del Sur

LUCHAMOS Y VOLVIMOS

09/12/2019

La consigna es casi la misma, el escenario no, claro está. Las atrocidades no son las mismas, los apellidos que las cometieron sí. De la dictadura a la democracia, y ese “Luche y se Van” … y se fueron. De la democracia neoliberal cruenta a una democracia nacional y popular, en este diciembre de 2019, y este Luchamos y Volvimos, y se fueron.

Por Mara Fernández Brozzi

Cuatro años y lo relativo del tiempo. La velocidad de la crueldad sin límites. El aceleramiento del desastre sin precedentes. Lo vertiginoso del caos sin miramientos. Fue una entrega planificada. Fue una miseria planificada. Fue un desastre planificado. No fue inoperancia. Fue hijayutez. Fue decisión política. Fue agenda de estado. Del estado más maldito en tiempos de democracia.

Cuatro años atrás despedíamos a quien nos había dado tanto, junto con su compañero. Cuatro años atrás sabíamos que venían por nosotrxs, ella nos lo advirtió en aquel discurso, de aquel día histórico, y supimos que así sería. Sabíamos que los Ceos son eso, sabíamos que el marketing político es así (te llaman por tu nombre como en las tiendas cool que venden café, pero te dan veneno en vasitos de plástico). Sabíamos que esos apellidos se repetían, cual letanía que atraviesa toda nuestra historia. Sabíamos que aquella tarima sobre esa calle de barro, en medio de esa villa de emergencia, en esa foto que lo captó impoluto, sabíamos que decía todo de él, de su desprecio, de su asco al negro, a la negra, al pobre, al pueblo como premisa y columna, como sustento y motor, por eso jamás pudo pronunciar tamaña palabra. No encontraremos un solo discurso donde se atreva a nombrarlo, porque no le sale, porque nunca lo sintió, no porque no sepa, nunca quiso ensuciar su verba básica y disléxica del Newman, de oraciones unimembres, de sujetos sin predicado, de vacíos repletos de nada, nunca pudo pronunciar al Pueblo, porque el Pueblo no le entra, no lo abraza, lo rechaza.

Sabíamos quién, quiénes eran, pero no sabíamos tanto! No imaginamos la roca gigante contra la que nos haría chocar, o pensamos, tal vez con imbécil optimismo, que no lo haría tan de prisa, que se tomaría su tiempo. Pero el tiempo es relativo, y la velocidad no lo es; la velocidad te lleva puesto y punto, y eso hizo, nos llevó puestos. Y él, y ellxs, salieron con sus camisas blancas de seda italiana sin mancharse ni un cachito. Se van, pero se van habiéndolo destruído todo. Se van, pero se van habiendo tirado a miles y miles por el abismo. Se van, pero se van habiendo destruído la industria nacional. Se van, pero se van con más de un 40% de pobres deambulando la vida, otra vez. Se van, pero se van dejándonos 6 de cada 10 pibes en la miseria más extrema. Se van, pero se van llevándose la Patria que habíamos sabido construir.

Se van habiendo despedido, habiendo matado de hambre, habiendo cerrado fábricas, habiendo reprimido, habiendo sacado los remedios a lxs viejxs, habiendo encarcelado injustamente, habiendo devaluado nuestra moneda, habiéndole sacado la taza de leche a nuestrxs pibes, habiendo sacado la comida de las mesas, habiendo bastardeado a nuestrxs próceres, pisoteado nuestros billetes, arrodillándose ante quienes nos arruinaron, nos saquearon, nos mataron, nos “conquistaron”, nos invadieron, nos hundieron. Se van, habiendo lamido las botas del “amo” que siempre nos ha esclavizado.

Se van, pero se quedan en la impunidad de unos gendarmes amparados por una Ministra delincuente, que le echaron la culpa a un río, y no a sus armas asesinas, a un río que sólo se hizo ver para mostrarnos el rostro y esos ojos que estarán presentes hasta que hagamos de la Justicia esa costumbre que perseguimos. Se van, pero nos dejan los tiros por la espalda, los Santiago, los Rafael, su doctrina Chocobar derramando más sangre a la sangre de lxs nuestrxs que hoy no están para contar ni un día, ni dos, ni ningún otro que les devuelva lo que no llegaron a ser.

Se van, pero acecha su malicia desperdigada en cada rincón de esta Patria lastimada. Se van a sus countries, a sus barrios cerrados, a sus partidos de golf, a sus canchas de tenis, a sus mesas elegantes, a sus cenas de caridad, a sus club house que los distiende, a sus viajes y sus empresas, a sus aviones privados y sus autos de alta gama, a sus colegios caros y su olvido irremediable. Se van, sí, se van! Pero cómo duele lo que nos dejaron.

 

 

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