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LUGANO NO TIEMBLA, LATE

23/06/2016

Dicen que esa frase la acuñaron los hinchas del club de la ribera, dicen; uno está en condiciones de asegurar que esa frase pertenece a la barriada de Lugano 1 y 2, aquel barrio del sur de la ciudad que a fuerza de laburo y solidaridad se fue erigiendo en uno de los terrenos más populares de ésta.

Por Julián Cáceres

 

Lugano latió como todo el país en un puño apretado aquel 22 de junio de 1986, Lugano fue el epicentro de ese latido donde los monoblocks ya aceptaban a aquellas torres que venían a desafiar el paisaje característico del barrio, de la Venecia Argentina como le dice mi viejo, ya que uno se puede comunicar de punta a punta por arriba de las veredas, por las pasarelas y puentes que trasladan a los vecinos, sin siquiera pisar la calle. El latido ya se venía gestando, poco a poco, seguramente con otros partidos de fútbol, con alguna manifestación popular grande, pero ese 22 de junio, al entender de muchos, fue la fecha fundacional de ese latido constante de la Venecia Argentina.

El encuentro no era uno más, se jugaba y se respiraban aires de revancha contra el pirataje que años atrás nos habían matado a los pibes en una ebria batalla, donde nuestros pibes se recibieron de héroes al poner el pecho en total desprotección de los que jugaban a la guerra, y se puede decir héroes hoy, en ese 1986 todavía eran llamados los loquitos de las Malvinas. Un gobierno nacional y popular tuvo que pasar para que la población en su conjunto, reivindicara y tomara como propia las postergaciones sufridas por estos jóvenes eternos, estos héroes con todas las letras.

Entonces ahí estaba el petiso morocho de rulos, villero, sacando pecho y mirando a los ingleses con arenga hacia sus compañeros, diciéndoles, “Estos hijos de puta nos mataron un vecino, un familiar, un amigo”. Todos pensábamos eso, por eso no era un partido más y ahí llegan esos minutos sublimes donde nuestro Dios sucio y terrenal le roba la billetera al inglés y luego viene la obra maestra del Siglo XX desparramando por el terreno de juego a los rivales hijos de la corona británica. Pensé que era un temblor lo vivido en el primer gol, escuchando a mi viejo decir “fue con la mano, no vale no vale”, “qué no va a valer!!! le respondíamos con mis hermanos, acompañados del temblor que no era temblor en el barrio. En el segundo gol mi viejo se arrodilla y dice, ése vale doble y viene la certificación eterna de todo lo hablado previamente. Si el Azteca deliró al ritmo del 10, Lugano dio luz al “Latido más grande del mundo”. No, no me van a decir que es temblor eso, eso es latido puro, el latir de un barrio al que muchos no se le atreven, vaya a saber uno por qué. El palpitar incesante hizo que toda su estructura arquitectónica se mueva como sólo los que alguna vez pasamos por ahí podemos mover, para luego entrar en ese delirio de la pequeña gran revancha vivida frente al poder imperial, con nuestra legítima arma, la pelota y enfrentando a los creadores de este juego, los ingleses.

Me dirán que es exagerado y que en otros lugares sucedan cosas similares, se acepta;cada uno tiene su debilidad por su pequeña patria, su barrio y el que escribe, justamente fue un habitante circunstancial de ese territorio ya que sólo iba los fines de semana de por medio y en el mes de febrero, en vacaciones por ser pionero en eso de las separaciones de los viejos; pero puedo afirmar hasta el hartazgo que si no viviste un partido de la selección en Lugano, ni hablar los de Maradona, creeme que algo en esta vida te estás perdiendo, porque Lugano no tiembla, late.

 

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