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MACHIRULOS DE CAMPEONATO (MUNDIAL) PARTE 2

28/06/2018

PARTE 2

La diferenciación entre machos y putos (…) pone en escena el lenguaje de la subordinación. El macho es así porque puede, en un enfrentamiento, robar los atributos masculinos a sus rivales; el dominio se expresa en una retórica de lucha corporal. Esta retórica envía un mensaje más allá del universo masculino: si puede dominar a los hombres, también puede hacerlo con las mujeres. (Rita Segato, 2003)

Por Lourdes Torres

 

Qué hacer para tener una oportunidad con una chica rusa
En este increíble apartado del manual entregado (también en Mayo) a los periodistas que asistirían al Mundial de Rusia 2018, la mismísima Asociación de Fútbol Argentino a través de su Comisión de Deportividad, Responsabilidad Social y Sustentabilidad se despacha alegremente con algunos consejos para “conocer mejor la cultura” del país sede de la Copa:
“Las chicas rusas como cualquier otra chica ponen mucha atención si eres limpio (sic), hueles bien y si vas bien vestido” ilumina el manual, evidenciando que ciertos permitidos en la higiene personal parecen quedarles exclusivamente reservados a los varones. Esto, además de indignarnos por lo pueril, nos viene a recordar que dentro del patriarcado es totalmente inadmisible una mujer sucia. Es más: la falta de higiene la convierte en doblemente sucia. ¿Cuántas veces hemos oído el comentario “un hombre sucio es asqueroso, pero una mujer sucia es peor”? Desde pequeñas nos enseñan a avergonzarnos de nuestros fluídos, ruidos y olores corporales, además de nuestro aspecto físico en general. No depilarse es de sucia, la menstruación es sucia: la sangre que proviene de la vagina es azul en las publicidades, no así la que proviene de las encías (porque, claro, a ellos les sangran al cepillarse, pero vagina no tienen). Estos varones, en cambio, suponen que hasta pueden utilizar como artilugio el hecho de bañarse y perfumarse para conquistar a una mujer que además es extranjera, lo cual parece disminuírla en su entendimiento y hacer viable el engaño para, una vez fuera de la vista de la pretendida en cuestión, puedan continuar haciendo gala de sus olores y ruidos corporales a modo de broma muy muy masculina entre pares, como se les permite desde siempre en nuestra decrépita cultura patriarcal.
El manual continúa: “Las chicas rusas no les gusta que las vean como a objetos (sic) Muchos hombres, porque las mujeres rusas son hermosas, solamente quieren llevarlas a la cama. Tal vez ellas también lo quieran, pero son personas que quieren sentirse importantes y únicas. El consejo es tratar a la mujer que está frente a ti como a alguien de valor, con sus propias ideas y deseos”.
En un esfuerzo descomunalmente inútil de feministosidad, el brillante redactor de esta vergüenza logra vislumbrar muy a lo lejos que las mujeres rusas, además de hermosas (sin correrse un ápice de las generalizaciones y los estándares heteropatriarcales fruto del consumo de porno proveniente de ciertos países devastados por la guerra del Este Europeo) son nada más y nada menos que ¡personas! y, autocomplaciente, brinda el invaluable dato de que hacerles creer que valen y que tienen derecho al deseo y al pensamiento propio puede dar al necesitado lector alguna oportunidad con ellas.
Ni hablar de la posibilidad de que tal vez ellas también quieran irse a la cama con un tipo. ¿Y si no quieren? Da cierto temor preguntárnoslo. Si bien el libre ejercicio del deseo por parte de una mujer parece de por sí restarle valor a la hazaña de conquista del varón, el manual sostiene la conveniencia de hacerlas sentir importantes (aunque por ejercer ese deseo ya no lo sean tanto) y únicas, apelando a ese disvalor que sigue usándose como justificativo de tantos femicidios: la monogamia.
Tras la cuasi inmediata viralización de este apartado pleno de misoginia, los manuales repartidos fueron solicitados a los periodistas participantes y les fueron devueltos con esta página arrancada, aunque, claro, ya era muy tarde.


 

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