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MARCHA FEDERAL. ESTO NO ES UNA CRÓNICA

06/09/2016
Hay tres versos del poeta y artista visual santafesino Hugo Padeletti que un día van a ser anónimos: “Voy a plantar esta almendra/para dar testimonio/de la paciencia”. En estas palabras la acción y la quietud se cruzan para enhebrar una idea de tiempo: el instante en el que el hombre interviene y aprieta el futuro en su mano con todas sus fuerzas. Si la paciencia implica la espera, dejar que lo exterior (y lo interior) fluya, es a través del accionar concreto, de las manos clavadas en la tierra fértil, donde esa espera cobra sentido. Se espera en alerta, con los ojos y el cuerpo abiertos para enfrentar la revelación, con la certeza que la semilla tarde o temprano se convertirá en vida, en alimento. 
 
Trabajador/a del Conti - ATE verde y blanca

El último viernes, más de veinte años después de aquella movilización emblemática de 1994, 300 mil trabajadores y trabajadoras de todo el país nos volvimos a encontrar en la calle para darle forma a una nueva Marcha Federal. Esta vez como reacción ante una nueva avanzada neoliberal –en este caso sin máscara ni verborragia popular- que en pocos meses no tuvo problemas en desdecir su discurso de campaña, encarcelar militantes populares mientras se preocupa por el bienestar de los genocidas y reprime jubilados, validar golpes de Estado en países vecinos, dar vergüenza en el exterior, transferir de forma explícita recursos de la masa trabajadora a los sectores más concentrados. Tampoco en legitimar una ola de despidos e incluso en despreciar explícitamente a los seres humanos que su plan de gestión excluye con epítetos saturados de elegancia y buena fe como “la grasa sobrante”. Ni siquiera en devolverles la confianza a sus propios votantes controlando la inflación o garantizando el acceso a lujos como el gas, el agua y la luz eléctrica: no lo necesitan, los medios de comunicación y sus periodistas de guerra se encargan de sostener todos los discursos.

 

En ese contexto, los trabajadores y trabajadoras del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, organizados en la bandera de ATE verde y blanca, venimos siendo parte de las movilizaciones que ocupan las calles desde fines del año pasado. Desdoblamos día a día nuestras energías para enfrentar (la perplejidad frente a) políticas obscenas y al mismo tiempo pelear por nuestros derechos sin dejar de cumplir con nuestras tareas: reflexionar sobre la historia reciente de nuestro país a través de los vínculos entre arte y política para construir una sociedad cada día más justa. A tales fines, hacemos lo imposible para no caer en la comodidad de militar por Internet y priorizamos el encuentro con el otro, con el cuerpo, con el pensamiento que se juega en tiempo real. Lo hacemos a través de asambleas y acciones directas, poniendo el cuerpo y la mente por los despedidos, reclamando por cualquier atisbo de vaciamiento por parte de los animadores de la alegría. Todo ese esfuerzo, justamente, desemboca también en esta marcha federal.

 

Pero para llegar hasta acá fue necesario el consenso, la posibilidad de elegir en cada uno de nuestros lugares de trabajo. También la labor de ATE Capital, siempre supeditada a las necesidades y las decisiones de los trabajadores y trabajadoras en cada uno de sus sectores. La articulación con todos los trabajadores de la Secretaría de Derechos Humanos y del Espacio para la Memoria y los Derechos Humanos. Sin decisiones colectivas ninguna causa puede generar una adhesión genuina, muchos menos una militancia comprometida.

Ver llegar columnas desde todo el país es una inyección de fuerza difícil de describir. Sobre todo cuando los mismos trabajadores y trabajadoras también nos vemos envueltos en la burbuja porteñocéntrica: no será posible enfrentar a las políticas neoliberales que propone e impone el macrismo sin la comprensión y la asimilación de las problemáticas de cada provincia y sector. Quizá esa fragmentación nos haya impedido tener un panorama real de lo que se estaba gestando desde los sectores más reaccionarios. La construcción de un Nosotros es el primer y más difícil desafío para los tiempos que vienen.     

 

Y ante la inminencia de habernos encontrado, ¿qué nos deja en concreto la marcha federal? ¿Acaso se pueden producir cambios inmediatos a través de una movilización si del otro lado hay un gobierno que no escucha a las mayorías sino que trabaja administrando tendencias para mentir y ganar elecciones? ¿Acaso al macrismo le modifica algo que cientos de miles de personas se concentren en las calles para reclamar por sus derechos? En todo caso nos queda la posibilidad de escucharnos y experimentarnos entre trabajadores para articular una comunidad dispuesta a pelear por una serie de conquistas que, en los últimos años, habían empezado a aflorar pero sin la fuerza suficiente para convertirse en irreversibles. Queda el deseo de saberse junto al otro y de pensarse desde una perspectiva histórica, inserto en las luchas del pasado, tallando la historia monumental de las gestas en vistas de generar cambios desde la conciencia. Por todo esto compartir el espacio y generar algún tipo de identificación. Construir una paciencia de forma colectiva. Quien planta una almendra sabe cuándo llega el momento de redoblar la apuesta. 

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