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MEDIOS, JUSTICIA, POLITICA E IMPUNIDAD

20/10/2016

Entre los políticos y los periodistas existe una lucha cerrada, una explotación recíproca de ambiciones e intereses, de pasiones viles o nobles...y el poder judicial no resulta nunca indemne.

Por Rodrigo Codino (*)

La prensa es el poder soberano de los nuevos tiempos. Esta frase tan contemporánea como cierta fue escrita por un juez francés a fines del siglo XIX y daba cuenta en su momento de la influencia que ejercían los medios masivos de comunicación en los procesos judiciales. En la Francia de esa época ocurrieron dos grandes casos que terminaron por desestabilizar al poder político: el affaire de la construcción del canal de Panamá y, algunos años más tarde, el affaire Dreyfus. El primero se refería a un caso de corrupción en el que políticos, banqueros y periodistas estuvieron implicados; el segundo, a un supuesto caso de espionaje considerado traición a la patria. Ambos tuvieron la particularidad de conmover a la opinión pública durante algunos años y bajo la presión de la prensa los jueces pronunciaron duras condenas que luego fueron revisadas. Este impulso del poder mediático no fue inocente, fue más bien penoso, porque provocó una persecución antisemita que culminaría con el genocidio nazi en la segunda guerra mundial.

 

Aquel magistrado francés fue uno de los primeros criminólogos en sumergirse en la problemática de la impunidad. Su visión fue extremadamente lúcida porque señaló la relación entre impunidad y poder pero sin olvidar la evolución de las distintas formas de poder en la sociedad, en particular el de la prensa, hoy en día: medios masivos de comunicación.

 

La evolución de la impunidad –decía- se explica en parte por la evolución del poder. La forma más grosera de impunidad de los poderosos en otros tiempos había sido proclamada como un derecho. De esta manera se permitieron los actos más cruentos y criminales de reyes o príncipes sin sospechar que se los pudiera reprobar de algún modo, aunque ésta desapareció gradualmente -aunque no definitivamente- al imponerse el derecho de igualdad ante la ley.

 

En la historia reciente de nuestro país no podemos dejar de considerar que se consagró un verdadero derecho a la impunidad respecto de los asesinatos perpetrados con el bombardeo de la Plaza de Mayo en el golpe de estado de 1955, de las privaciones de la libertad inconstitucionales por aplicación del plan Conintes desde 1958 hasta 1961 o el que se intentó instaurar sin éxito con la desaparición forzada o los crímenes de lesa humanidad en la última dictadura militar de 1976. En todos estos casos el derecho a la impunidad fue consagrado por quienes representaban al Estado y los medios jugaron un rol decisivo en la persecución o en el olvido.

 

Ahora bien, la impunidad más frecuente que se destaca y difunde es la llamada impunidad de hecho y ésta última presenta dos variantes: la impunidad  voluntaria o involuntaria. Es voluntaria cuando el ministerio público o el juez de instrucción habiendo tomado conocimiento de un hecho delictivo rechaza el ejercicio de la acción pública o espera la expiración de los plazos de la prescripción, lo que transforma en ilusoria la persecución penal; es involuntaria, en cambio, cuando el hecho delictivo nunca fue denunciado o cuando por pruebas insuficientes la denuncia termina con el archivo de las actuaciones, se dicta un sobreseimiento o se pronuncia una absolución.

 

La lucha contra este tipo de impunidad se proclama como la más necesaria en el estado de derecho actual por distintos actores sociales aunque no siempre se reflexiona sobre la influencia que ejercen las distintas formas de poder en las sociedades contemporáneas.

 

Hace más de un siglo, el juez Gabriel Tarde tuvo el mérito de pensar el rol de los medios masivos de comunicación, la justicia y la política. El arte de gobernar –decía- es en parte la habilidad de servirse de los medios masivos de comunicación. Entre los políticos y los periodistas existe una lucha cerrada, una explotación recíproca de ambiciones e intereses, de pasiones viles o nobles… y el poder judicial no resulta nunca indemne.

 

Aquel magistrado también nos dejó algunos interrogantes que sirven para ilustrar el presente: la intervención indiscreta y abusiva de los medios en las actividades de la justicia ¿es una condición favorable para la imparcialidad judicial?; ¿la intromisión de los medios no tiende a presionar testigos, denunciantes y jueces en ciertas causas en donde las noticias más difundidas ya establecieron una corriente de opinión en un sentido determinado?

 

No parece entonces desacertado volver sobre  algunas ideas de  la criminología a la luz de de la actualidad política, judicial y mediática latinoamericana. La historia de esta disciplina nos enseña el origen de ciertas persecuciones y condenas anticipadas por el ejercicio abusivo de sectores que ejercen un poder real y muchas veces antidemocrático.

 

Cuando se habla de impunidad sin duda alguna es necesario considerar la actuación del poder político y la del poder judicial, pero al mismo tiempo no ignorar el condicionamiento de otros poderes que no son ingenuos y que ocultan intereses distintos al de la sociedad que reclama legítimamente justicia.

 (*) Coordinador del Programa de Investigación en Criminología de la Universidad Nacional de San Martin. Docente de posgrado en la Especialización de Derecho Penal de la UBA.

 

 

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