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MUJER BONITA ES LA QUE LUCHA

08/03/2017

Una historia de sometimiento. Mujeres, brujas. La opresión y su violencia, la violencia sobre sus cuerpos, la longevidad de la dominación y los beneficiados de la estructura patriarcal (Por Lucía Presta)

A nuestros compañeros. De parte de las negras, 

Con amor y un profundo deseo de compartir esta lucha. 

A principios de 1970, en medio de las diferencias conceptuales entre feministas radicales y socialistas, Dalla Costa y Selma James sostuvieron que la explotación de las mujeres fue una de las funciones centrales en el surgimiento del sistema capitalista, también conocido como proceso de acumulación capitalista (o acumulación originaria, en palabras de Marx). Su investigación explica que las mujeres, excluidas del trabajo productivo asalariado y propio de los varones, eran las productoras y reproductoras de la mercancía capitalista esencial: la fuerza de trabajo. Con la vista en este trabajo exclusivamente femenino, que no era reconocido ni pagado, pero imprescindible para el sostenimiento del sistema de producción capitalista, Dalla Costa y James le atravesaron al concepto de clase (social), el de patriarcado. Una función-trabajo presentada como destino biológico, que asignó roles sexuales de una forma violenta desde el siglo XIV en adelante y con la participación estatal y eclesiástica.

Durante el feudalismo, la subordinación de las mujeres a los hombres era atenuada porque ambos tenían acceso a las tierras comunes y otros bienes comunales, mientras que en el nuevo régimen capitalista ellas se convirtieron en el "nuevo bien común". Los varones perdieron sus tierras tras los cercamientos llevados adelante por los nacientes Estados y el trabajo femenino fue definido como recurso natural, fuera de la esfera de las relaciones de mercado. Desposeídos de las tierras, ellos fueron "libres" de vender su fuerza de trabajo y ellas fueron presas de su capacidad de dar vida. 

Silvia Federici en su tesis "mujeres, cuerpo y acumulación originaria" afirma que las jerarquías sexuales están al servicio de un proyecto de dominación que solo se sustenta a través de la división, continuamente renovada, de aquellos a quienes intenta gobernar. 

Los orígenes de las estrategias de disciplinamiento y apropiación del cuerpo femenino que aseguran los sistemas de explotación, hoy continúan manifiestos en las violaciones, el maltrato y la imposición de estereotipos de belleza y roles asignados al cuerpo femenino y la feminidad. La tasa de femicidios que alarma es el síntoma del machismo más cruento que subsistirá en tanto no se deconstruyan los micromachismos que todos y todas continuamos reproduciendo. "Si el capitalismo ha sido capaz de reproducirse, ello sólo se debe al entramado de desigualdades que ha construido en el cuerpo del proletariado mundial y a su capacidad de globalizar la explotación", explica Federici. 

Repensar las prácticas, el lenguaje. Cuestionar las normas socioculturales que suponemos naturales, obvias, establecidas y estáticas. Perderle el miedo a la diversidad que rebalsa los cánones de la heteronormatividad. Aceptarnos como seres humanos más allá de nuestro sexo, nuestro cuerpo, nuestra elección, nuestro deseo. 

Si no entendemos el patriarcado y el machismo como un problema histórico del conjunto de las clases explotadas, no hay lucha por la justicia social que sea posible. 

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