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ECONOMÍA POLÍTICA

NI SEGUNDO SEMESTRE NI BROTES VERDES

03/01/2017

Las principales medidas que tomó el ejecutivo implicaron que grandes empresas hayan aumentado sus ingresos, mientras la gran mayoría de trabajadores quedó atrapada entre tarifazos y paritarias a la baja respecto a la inflación. A continuación, un breve resumen de lo que fue el primer año de Macri como presidente.

Por Mariano Bonilla

No puede explicarse la economía de un país desde los individuos, cada individuo está en interdependencia con otro dentro de un esquema social de intercambio. Uno produce para otras personas y consume bienes y servicios producidos socialmente. Los datos económicos tienen un trasfondo, decir que volvió con más fuerza la “fuga de capitales” no es algo coyuntural. Implica reconocer que recursos de origen argentino se refugian en el exterior, ya sea en Fondos de Inversión, en inmuebles en el extranjero o en paraísos fiscales, y que no se reinvierten en nuestro país. El caso de las tarifas de servicios es por demás paradójico, porque efectivamente se instaló que “no podíamos pagar tan poco, que había que pagar más”. Se logró imponer una mirada individual en la que una persona sola estaría involucrada, pero la realidad marca que es un asunto que necesita ser enfocado socialmente, porque no da lo mismo un consumidor residencial, una PyME, un club de barrio o una gran empresa.

La devaluación de diciembre de 2015, la cual en su momento fue presentada como la salida del “cepo”, marcó el inicio de un conjunto de políticas que dañaron el poder adquisitivo del salario y aumentaron la desigualdad. Por aquellos días, se anunció la rebaja y eliminación de retenciones a productos agrarios y la minería. El gobierno intentaba dar señales de un cambio de rumbo, más orientado al libre mercado, sin embargo el resultado fue un agujero fiscal en la recaudación de $ 60.000 millones. La tan ansiada llegada de inversiones a la economía real no se produjo. De hecho, el uso de la capacidad instalada se redujo notablemente al 68% y el consumo local (la variable que más se relaciona con el PBI) cayó este año un 7,5%. El año terminó con una caída del 2,5% en el producto bruto, relacionada principalmente con la devaluación del peso en combinación con un ajuste que dañó seriamente el poder adquisitivo del salario y una baja en el gasto público, en el marco de un estrangulamiento a la actividad económica que propició el Banco Central. También es necesario mencionar que la recesión de Brasil, nuestro gran aliado comercial, castigó ciertas exportaciones argentinas como las de automóviles y autopartes hacia el país vecino.

No se cumplió el objetivo de bajar la inflación, de hecho este problema se incrementó en relación al pasado. En un primer momento porque la devaluación se pasó a precios. Se terminaba el kirchnerismo y desde varios sectores se presionó para que el precio del dólar suba, y así volver más rentable o competitiva a nuestra economía en el frente externo. El dólar aumentó, pero también lo hicieron los precios al consumidor y de este modo se perjudicó el poder adquisitivo de los salarios. Otro factor inflacionario fue la rebaja y quita de retenciones, que al aumentar la rentabilidad de los productores primarios a la hora de exportar, hizo subir los precios internamente, desprotegiendo así al consumidor interno. Luego, cuando en febrero el Banco Central elevó la tasa de interés al 38%, lo que hizo fue desalentar la actividad productiva porque encareció el crédito, así se dio un impulso al deterioro de los indicadores de actividad económica, al tiempo que la obra pública anduvo con el freno de mano puesto (en parte por el impacto del caso López). Las altas tasas fijadas por el Banco Central y la política de achicamiento de la economía "plancharon" durante meses el precio del dólar alrededor de los $14, pero no hicieron bajar la inflación. El Ministro de Energía Juan José Aranguren decidió un aumento de tarifas en los servicios y una reducción de subsidios, lo cual alteró fuertemente la estructura de costos de las empresas y también el poder adquisitivo de quienes consumen. En efecto, el tarifazo fue otra de las variables que profundizó la escalada inflacionaria sufrida en este 2016. Las inversiones llegaron, pero inversiones financieras, en un marco legal de bajos o nulos controles a capitales golondrina, y respaldadas por esta política monetaria contractiva que mantuvo altísimas las tasas de interés durante meses y que costará $ 140.000 millones en intereses de LEBAC solamente del año 2016. Cuando comenzó a darse el recorte en las tasas de interés, en busca de una mayor actividad económica, lo que ocurrió es que empezó a subir el precio del dólar, que por estos días se ubica en los $16. Sin dudas, el precio de la divisa estadounidense es un factor que pega directamente en el esquema de precios al consumidor. Ahora bien, si se observara solamente al rubro alimentos, hay muchos sectores que compiten con la exportación o tienen parcialmente dolarizada su estructura de costos, por lo tanto una suba en el precio del dólar pega directo. La inflación en los alimentos es un indicador clave a la hora de medir la pobreza. En resumidas cuentas, está a la vista que hubo una brutal descoordinación en las acciones que el gobierno fue llevando a cabo y que, si bien deja como resultado una tasa de inflación superior al 40% anual, muy por encima de las negociaciones paritarias, no lo privó de beneficiar a los sectores más ricos de la Argentina.

Un posible análisis de la economía del país, bien puede realizarse al observar de que manera el Estado acumula y como distribuye los recursos de todos los argentinos. Al respecto, surge la siguiente pregunta: ¿Quiénes ganaron y quienes perdieron en el año que se fue? Entre los ganadores encontramos al sector agrario pampeano (soja, maíz, trigo) y productores de maquinaria agrícola y agroquímicos, beneficiados por la reducción y quita de retenciones y por la devaluación en un 60% del tipo de cambio. También se encuentran los sectores proveedores de servicios públicos, quienes aumentaron su rentabilidad luego de la actualización de tarifas. Otro sector que se benefició y que tiene un panorama alentador es el de telecomunicaciones. El sector financiero tuvo un gran 2016, ya que pudo aprovechar el ingreso de dólares vía endeudamiento y las altas tasas de interés locales, permitiéndole grandes ganancias. Imposible olvidarse de los winners del frente externo, donde Fondos Buitre y Bancos de Inversión se llevaron una gran recompensa.

Los que perdieron fueron los trabajadores, castigados por una alta inflación, negociaciones paritarias insuficientes, caída de la actividad y aumento del desempleo. No puede dejar de mencionarse que está en el ADN de este gobierno impulsar una flexibilización laboral, porque sería bajar costos para que los empresarios produzcan, y haría al país más atractivo a inversiones. Mucho se remarcó hacia el final del gobierno de Cristina Kirchner la situación crítica que vivían las economías regionales. La devaluación no solucionó tal desajuste, en general porque hizo subir los precios internos y no pudieron mejorar su estructura de costos. La construcción es sin dudas uno de los sectores que más empleos genera, pero fue una de las grandes víctimas de la política comercial y fiscal del gobierno, con una caída del 13%, sin ser compensada por un impulso a la obra pública. La industria cayó un 5%, en el marco de una decisión comercial de abrir la importación a productos extranjeros, afectando aún más a las PyMES.

La tendencia del mundo apunta más a cerrarse que a invertir en el exterior. La Reserva Federal de Estados Unidos acaba de subir la tasa de interés, y avisó que volverá a hacerlo 2 veces más en el 2017. Buscan controlar a Trump y que su plan de obras no les genere inflación. De esto se desprende que los capitales de todo el mundo tenderán a dirigirse hacia ese país y que el proceso de endeudamiento que está experimentando la Argentina va a costar más caro. Sin embargo, cualquier especulación es nula, y más cuando en el mejor equipo de los últimos 50 años se están cambiando figuritas, que en teoría vienen a controlar más severamente aún el nivel de gasto público. El problema de este año no es que pierdan las elecciones, de hecho eso sería algo muy bueno, el problema es que no advierten que fomentando una caída en el consumo de las familias no hay recuperación posible.

Se fue el 2016, y se llevó puesto a Prat Gay, con el anuncio de un blanqueo de capitales por 90.000 millones de dólares. Pero esa cifra es de activos que se declararon, y muchos de ellos son inmuebles o activos financieros. Lo que le toca al fisco como recaudación no es ese gran número, hasta este momento se habla de 82.000 millones de pesos, por única vez y en concepto de multa. Un número para nada despreciable, pero que no altera la estructura económica del país porque se trata de un único ingreso excepcional.

 

En tan sólo un año:

• Luego del levantamiento de las medidas cautelares de Griesa, se emitieron durante este año 39.589 millones de dólares de deuda externa, incluyendo el pago a los Buitres y considerando en conjunto al Estado Nacional, provincias y empresas.

• Se fugaron del país 21.373 millones de dólares (datos de la consultora Economía y Regiones), luego de un año de apertura de la cuenta capital, sumando formación de activos externos, remisión de utilidades y el pago de intereses de deuda. Con relación a este drenaje de recursos, representa más del doble de lo fugado en el año 2015.

• Según la UCA, el desempleo ya alcanzó el 10% de promedio nacional, habiendo 1.782.000 desocupados.

• Aumentó la desigualdad de ingresos según el INDEC: el 10% más rico de los hogares incrementó su ingreso medio en el último año de $34.330 a $51.321 (un 49,5%).  Mientras el 10% de los hogares más pobres lo aumentaron de $2.791 a $3.330 (un 33,6%), lo cual hizo reducir su participación en el total de 2,2% a 2,1%.

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