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NIÑAS Y PUNTO.

02/02/2019

Por Gabriela Manzo.

Niñas madres, madres niñas, niñas niñas, niños niños, niñas.... “Las niñas madres con mayúsculas”. No nos debieran sorprender las editoriales de la Nación, ellas son consecuentes con su línea de pensamiento ideológico más profundo.

Hagamos un repaso de su editorial sin perder de vista que todo punto, coma y nexo sigue un pensamiento clasista, oligárquico y autoritario, ese mismo pensamiento de la dictadura feroz que decidía sobre nuestros cuerpos, que decidía quién vivía o quien moría, que decidía terminar o no el embarazo de las prisioneras cautivas para después del parto matar a las madres y dar al niño en adopción a una familia “importante” que le daría la educación que “merecía”, lejos de influencias “subversivas”, léase ahora lejos de pensamientos abortistas.

 

Cuando dicen “niñas madres a edades en las que mejor habría correspondido que estuvieran estudiando y atendiendo su formación”, en realidad están diciendo que esa niñas estaban haciendo cosas que no deberían, debe traducirse como “algo habrán hecho”. El algo habrá hecho producido por ellas, es decir, por tener relaciones sexuales a temprana edad o el algo habrán hecho, porque si la violaron es porque estaba provocando.

 

Dicen “lo que le nace de sus ovarios casi infantiles", esta frase es, por demás, una verdadera apología al abuso infantil, apología a la violación que los, las, les abogadxs especialistas en el tema no deberían dejar pasar por alto. "Ovarios casi infantiles”, son niñas que empiezan su desarrollo, que no conocen su cuerpo, que están en un sube y baja hormonal permanente, que en un 90 porciento no tienen aún los elementos para informarse ó éstos son precarios, gracias a una ley que no se cumple. Y la otra parte de esas niñas y niños nunca tendrán acceso a esa información, si el Estado no se hace presente con campañas específicas de difusión y aprendizaje y, de recursos (léase anticonceptivos).

 

Es una editorial aberrante desde todo punto de vista, pero consecuente con su línea ideológica. Fueron cómplices, la pata civil de la dictadura militar en la que se torturó a embarazadas, en la que se apropiaron de bebés, en la que desaparecieron seres humanos. Decidieron sobre nuestros cuerpos, no nos olvidemos de eso. Nunca se preocuparon en preguntar el destino de los cientos de bebés nacidos en cautiverio y apropiados por familias “Bien”. Son esos mismos que hablaban de la “vigencia de los derechos humanos” en el '78/'79, mientras se torturaba y se asesinaban a miles y miles de mujeres, hombres, niñxs, adolescentes, ancianos.

 

La violencia de género fue un dato no muy difundido pero común durante las torturas en la dictadura. Hay miles de testimonios que hablan del ensañamiento con las mujeres prisioneras. A todas las violaban, algunas con "suerte" solo una vez y a otras, repetidas veces para empezar y después seguir con tantas aberraciones que ya conocemos. Los delitos sexuales son reconocidos por el Poder Judicial como una práctica sistemática inherente al terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar. La nación nunca habló en sus editoriales sobre esos delitos.

 

Cuando se hizo serie televisiva el libro de Margaret Atwood "The Handmaid's Tale", en una de sus criticas del 3 de julio de 2017, La Nación titulaba “El cuento de la criada, una historia demasiado cruel”. La realidad superó a la ficción, al menos acá en Argentina. La serie “El cuento de la criada” es una muestra de una sociedad nada lejana, sociedad fascista en la cual el Estado y sus cómplices deciden sobre nuestros cuerpos.

 

La editorial de La Nación es fiel en cada palabra a su más pura esencia. La esencia de un gran negocio que, sin dudas, tiene con la oligarquía, con la doble moral de la sociedad, que es fiel a sus seguidores que piden “la pena de muerte”, la “reconciliación nacional”, la “no más venganza”. Cuando se trató la Ley de interrupción voluntaria del embarazo, su editorial era una concatenación de directrices para los legisladores de por qué deberían votar en contra de la legalización y hace dos días, el “Acompañar la gestación defendiendo la vida” y ahora la “grandeza de las niñas madres”. No nos olvidemos que fueron la pata civil de la dictadura militar, fueron sus cómplices, sus socios y ahora pretenden naturalizar el horror del abuso y la violación de menores en una editorial que es nauseabunda por donde se la lea.

Es siniestra y al mismo tiempo es solo un botón de la embestida que este año electoral van a dar para seguir defendiendo los abortos clandestinos.

 

Basta de decidir sobre nuestros cuerpos.

 

Gabriela Manzo Fotógrafa Lic en Ciencia política

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