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EDITORIAL (EDICIÓN IMPRESA)

NINGÚN COMPAÑERX RESTA. NINGÚN COMPAÑERX SOBRA.

18/12/2018

Nota Editorial de nuestra edición impresa número 12.

Por El Chino Beltran 

NINGÚN COMPAÑERX RESTA. NINGÚN COMPAÑERX SOBRA.

Unidad para consolidación de un frente patriótico nacional. Necesidad de mayor organización de lxs trabajadorxs sindicalizadxs. Una país gobernado como monarquía absolutista con cosmética de modernidad. Atomización. Pretensión de sumisión. Intolerancia. Avasallamiento. Retrocesos en conquista de derechos. Todo eso es el clima de época. Pero la resistencia en las calles es una bomba de tiempo que nos va anunciando un sonido ensordecedor. Como cuando truena el escarmiento una vez que los Pueblos agotamos nuestra paciencia.

Por muy apocalíptico que pueda parecer este presente, nos movemos por los andariveles de la resistencia, entendida como la permanencia en lo que sigue siendo nuestro, la calle. Allí nos seguimos encontrando, como contrapunto de un gobierno que se avergüenza de la palabra Pueblo, mientras ellos no pueden ni pronunciarlo, nosotros lo seguimos construyendo, desde cada barrio, desde cada organización, desde cada fábrica, desde cada escuela, desde cada sindicato, desde cada universidad pública. Lejos de estar evaporándonos, lejos del “no vuelven más” que mandibulean sus voces agrietadas, nos seguimos reproduciendo.

¿Nuestro objetivo? Recuperar, mediante las urnas, la Patria que nos han robado, para hacer la Patria que soñamos.  Recuperar, mediante las urnas, los derechos que nos han ido quitado. Recuperar, mediantes las urnas, la justicia, la libertad y la soberanía que han pretendido aniquilarnos.

Pero antes de llegar a la instancia electoral debemos permanecer en la organización que nos define y nos sustenta, en el camino que emprendimos para ser cada vez más los que, en octubre del año que viene, nos enfrentemos a este neoliberalismo atroz que vino por todxs nosotrxs.

Entender que el movimiento al que pertenecemos, el movimiento peronista, de raigambre nacional y popular, que ha sabido sortear 70 años de historia y permanecer intacto en el corazón de su Pueblo, podrá, una vez más, salir del barro que lo parió y desde allí pararse firme frente a cualquiera que quiera seguir arrebatándonos lo que nos pertenece, no desde la arrogancia como regla, sino desde la raíz de lo humano, como condición fundamental para que la felicidad del Pueblo pueda volver a alzarse en todos los rincones de la Patria.

Nos han puesto la vara muy baja a la hora de dar la batalla, ya no hablamos de ampliación de derechos, sino de conquistar los que ya no tenemos, ya no hablamos del acceso a una mejor calidad alimentaria, sino de palear el hambre que ruge y lastima, ya no hablamos de seguir abriendo universidades en cada localidad acercando así la educación a nuestros pibes, sino que no cierren ni desmantelen las que ya tenemos, ya no hablamos de la posibilidad que una pyme continúe ampliándose, sino que dejen de cerrar sus persianas. Volvimos, en muchos terrenos, a foja cero, y desde allí es desde donde deberemos arrancar, y esto no se logra si no es con la certeza más profunda que es: Unidos o Exterminados.

Lo que sucedió en Brasil, con el triunfo de Bolsonaro, como la expresión más cruda de una derecha que no se inhibe a la hora de expresar las peores atrocidades, debe ponernos en estado de alerta, porque sabemos que en muchas instancias históricas se ha desarrollado el efecto dominó en la región, y la posibilidad que quienes nos gobiernan se despojen de esos velos inhibitorios y recrudezcan así sus acciones contra el pueblo nos ubica en un estado de atención mayor. La unión sobre la que trabajamos debe imponerse a las diferencias coyunturales que podamos tener. Las diferencias no cuentan cuando lo que está en juego es el suelo en el que vivimos, son nimiedades que tenemos la obligación de hacer a un lado. Mientras sigamos poniendo el foco en ello no haremos más que permitir que sigan avanzando, mientras nos avanzan. Sin embargo, lo ocurrido en nuestro hermano pueblo de Brasil, tiene un componente distinto, que no es menor. Los pueblos no son los mismos, la historia de la acción concreta de esos pueblos no es la misma, el nivel de participación política y compromiso real ante cualquier tipo de atropello no es el mismo. Dentro de este escenario contamos con una ventaja: Nos seguimos teniendo, más dispersos, menos dispersos, pero  en camino de una unidad real que logrará salir triunfante en menos de un año, si seguimos manteniendo el precepto que nos alimenta: “Primero la Patria, segundo el movimiento, y por último los hombres”.

Ningún esfuerzo es poco, ninguna participación es poca, ningún compañerx resta, ningún compañerx sobra.

 

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