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NO HAY DECONSTRUCCIÓN POSIBLE SIN DESTRUCCIÓN EFECTIVA

27/07/2018

Rita Segato bien dijo que, “la primera víctima del patriarcado éramos nosotros, los hombres”. No sólo tiene razón, sino que nos ayuda a reconocer a nuestro invisibilizado opresor, a ése, que bajo la pasta de campeón, enmascaradamente, nos pisa la cabeza a nosotros, a quienes no tomamos la vida como una carrera en la que sólo triunfa el vencedor. Pues nosotros, el resto de hombres que no competimos por ser el que lleva el pañuelo más verde o la tiene más larga, que es lo mismo.

Por Geo Liberto

Noche de lluvia en el frío julio de 2018. Hablando con una amiga, en un momento, me muestra y expone su rol y postura sobre esta nueva época de la mujer. Ella es otra de las luchadoras activas que conozco, una exponente más de este colectivo fémino-transgénero que viene arrasando todo. El leerla, a ella, como el escucharlas, a las otras, me vuelve la mirada hacia dentro. Cuánto nos falta, pienso. Cuánto nos falta a nosotros, los hombres, porque ellas, ellas ya están en camino, avanzando, encontrándose, abrazándose, iluminándose, iluminándonos. ¡Sí! Estas mujeres nos están alumbrando, y esa lucha que llevan como antorcha nos amplía la visión. Marcan un camino, camino vacío que nosotros, los hombres, no supimos ocupar, ya sea por opresión, apatía, arrogancia o ignorancia.

Esta época liberadora y superadora de ustedes, le decía, creo que indefectiblemente nos beneficiará a nosotros, los hombres incómodos, a aquéllos que no podíamos distanciarnos de esas charlas de machotes sin ser forreados. Viene bien para los que preferíamos pasar por boludos a ser esos piropeadores compulsivos, mirones, insistentes. Igualmente continué, casi con resignación, diciendo que a nuestro colectivo le falta mucho, tenemos un ejército de feministos que no escatiman recursos para seguir arrimando el bochín, y eso, lamentablemente, se sigue reproduciendo. Y sucede no sólo en quienes ven a esas marchas como una oportunidad única e imperdible de ver tantas mujeres en tetas, gratis, también se reproduce desde los propios y particulares y arcaicos partidos políticos, mismos partidos que siendo verticalistas y patriarcales, esgrimen a su vez cada cual su agrupación feminista.

Sé también que entre nosotros, los anarcos, también aportamos los nuestros, ojo al piojo. Cuando veo hombres en espacios de mujeres, pienso que esa hipocresía nos aleja aún más. Si un hombre quisiera colaborar efectivamente, y no sólo para la foto con el colectivo fémino, pienso y creo, primero debería repensarse a sí mismo, a nosotros mismos, antes de pasearse, tan livianamente con un pañuelo, que no nos pertenece. Debiéramos interpelar a los hombres cercanos que nos habitan, pelear en nuestro espacio con el compañero baboso, pararle el carro a la familia, al tío o al primo gediento, pero claro! ahí nadie lo ve, ahí no hay rédito público. Hipócritas.

Cuando escucho a los hombres que están deconstruyendo su machismo, miro por el rabillo del ojo como ese bicho que desconfía de la situación. Es que no alcanza con deconstruir, nada se logra si sólo se deconstruye el machismo o el patriarcado y no se destruye voluntariamente ese privilegio que se nos ha otorgado culturalmente. Dejemos de robar dos años con la palabra deconstruir. Tanto al patriarcado como al machismo no se lo deconstruye, se le destruye.

Insisto en que aún nos falta mucho para crear una conciencia que movilice como ustedes lo están logrando. Nos falta tiempo y, sobre todo, visualizar esa opresión que bajo la forma de acervo cultural nos viene conteniendo.

Rita Segato bien dijo que, “la primera víctima del patriarcado éramos nosotros, los hombres”, no sólo tiene razón, sino que nos ayuda a reconocer a nuestro invisibilizado opresor, a ése, que bajo la pasta de campeón, enmascaradamente, nos pisa la cabeza, a nosotros, a quienes no tomamos la vida como una carrera en la que sólo triunfa el vencedor. Pues nosotros, el resto de hombres que no competimos por ser el que lleva el pañuelo más verde o la tiene más larga, que es lo mismo. Nosotros, el resto de hombres que no competimos, pero sí participamos, encontramos logros donde otros ven tibieza, vemos avances donde otros sienten que resignan.

Es por todo esto que vemos con ojos de admiración su lucha, y es un su lucha y en esa antorcha que amenaza arder la estructura obsoleta que insiste perpetuarse. Ahí vemos la luz que nos ilumina el camino, mal que les pese a muchos. Ese reconocimiento no es gratuito, se paga, caro. “¿No te estarás volviendo puto vos?”, la clásica chicana, “gobernado”, “pollerudo”, y esa mirada despectiva a la que sólo le falta el escupitajo, nos iguala a ustedes.

Somos muchos los hombres que vivimos esto y que pensamos lo que nos repensamos, sólo que hablamos más con ustedes que con nosotros mismos. Eso tiene que cambiar, y va a cambiar. En algún momento, esta voz invisibilizada también se va a exhibir, quizá lo logremos nosotros, quizá nos ayuden ustedes. No sé, pero el nuevo hombre va a llegar como ni nosotros lo esperábamos.

Creo que su rostro, el de la compa, se iluminó cuando terminé de decirle lo que pensaba, no por ella, no por mí, sino porque creo que quizá vio una pequeña luz que brillaba atrás, allá atrás, sí, atrás, pues en estos momentos la vanguardia es Feminista y supongo que ella hoy nos vio un poquito más cerca, que ese retrógrado espacio que nosotros, los hombres, nos jactábamos estar.

Hoy somos muchos los hombres incómodos, incómodos en ese estereotipo de hombre que nos imponen ser. Incómodos para ellos, los que quieren que nada cambie.

Así como hoy las vemos y oímos a ellas, también aprendimos a ver y a oir a elles, y más importante aún creo necesario que también nosotros debamos mostrarnos y gritar, pues tarde o temprano el patriarcado, con sus estructuras físicas y simbólicas, se va a caer, y sería bueno también verlo arder.

 

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