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Foto: Pablo Piovano

NUESTRA VÍSPERA

09/12/2019

La víspera es ese zaguán donde se espera lo importante. Son las agujas del reloj apurándose para que sea la hora. Son las banderas pintándose en los patios de las básicas. Los micros lavándose en las veredas. Los carritos ajustando sus ruedas para sostener los choripanes. Los cajones que se abren donde guardamos las remeras con leyendas. Los paños que sostendrán los pines que nos pondremos en el pecho. Son las rejas de la plaza amontonándose en la cárcel de los que nos enrejaron los pasos, jamás la libertad de nuestros pies recorriendo aquel espacio. Luchando y Volviendo.

Por Mara Fernández Brozzi

La víspera es ese zaguán donde se espera lo importante. Son las agujas del reloj apurándose para que sea la hora. Son las banderas pintándose en los patios de las básicas. Los micros lavándose en las veredas. Los carritos ajustando sus ruedas para sostener los choripanes. Los cajones que se abren donde guardamos las remeras con leyendas. Los paños que sostendrán los pines que nos pondremos en el pecho. Son las rejas de la plaza amontonándose en la cárcel de los que nos enrejaron los pasos, jamás la libertad de nuestros pies recorriendo aquel espacio. Luchando y Volviendo.

La víspera nos pertenece. Y no es hoy, solamente, se extiende por estos nefastos cuatro años, donde nos estuvimos preparando, y soñando, en este retorno que nos merecemos y nos debemos. Una víspera que se aguantó la angustia, y que mañana explotará en la alegría de los rostros donde volveremos a mirarnos.

La víspera es ese fragmento que nos susurra y grita: “Si me dices, por ejemplo, que vendrás a las cuatro, yo empezaré a ser feliz desde las tres”.

La víspera es esta puerta que ya está abierta, y la ropa sobre la cama, y los mensajes salientes con lxs compañerxs, son las esquinas donde nos encontraremos, y las botellas de agua puestas en los congeladores, las viandas que ya están guardadas en la heladera, y los pañuelos colgados en las mochilas. La víspera es nuestro adelanto de ese descanso que mañana, por fin, tendremos. Es el paso previo al sueño, pero estando aún más despiertos.

Una crónica adelantada de lo que viviremos este 10 de diciembre. Y el corazón se acelera con sólo imaginarlo, pero sabiendo cómo será, sabiendo las sonrisas y los llantos que brotarán de la nada, del todo, de ese rincón donde guardamos para luego el destello de esta victoria que tanto anhelamos. Sabiendo los colores que se inscribirán en las calles y los tonos de las gargantas y el ruido de los redoblantes, y el ritmo contagioso de los bombos, y les niñes que sobre los hombros de sus madres y padres estarán más alto que siempre, y los encuentros inesperados con aquelles que no pusimos coordenadas y que de repente aparecerán entre la marea humana más bella para fundirse en ese “Volvimos”, y estamos.

La víspera también es el recuerdo y el dolor, es la nostalgia y la bronca, es la memoria y la impotencia. Es mirar por el espejo retrovisor estos cuatro años de desastre colectivo en el que nos han sumido, y rajar puteadas todas y tristezas tantas, por todes aquelles que quedaron fuera del mapa porque los empujaron, y son lxs nuestrxs los que tiraron por el abismo de la desidia y la indiferencia. Es pedirle al creyente que rece fuerte y lxs que no gritaremos alto, y lxs que más o menos crucen bien los dedos, y que por las dudas, hoy, no nos pasemos la sal en la mano, y no barramos de noche, e intentemos no cruzarnos con ningún gato negro; es aunar las fuerzas para que este sueño sea más grande aún que el que venimos amasando.

Es cuidar la Patria que nos arrasaron, es volver a armarla, es volver a izarla, es ponerse de pie, de una vez y para siempre.

La víspera es este ahora…que se extiende…

 

 

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