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ROMPAMOS LOS MANDATOS

19/10/2016

Mandatos culturales, sociales, religiosos, familiares. Mandatos. Que nos los han metido sigilosamente desde que estábamos en los vientres, desde antes de ser proyecto de vida en la vida de alguien, desde antes de nosotras, nuestras madres, nuestras abuelas, bisabuelas, y más. Mandatos. De ésos que han calado hondo, diseminando errores funcionales a un sistema patriarcal que necesitó de ellos para seguir reproduciéndose. El mandato hoy es ROMPERLOS!

Por Mara Fernández Brozzi

Romperlos. Hacerlos añicos. Desterrarlos. Sepultarlos.

Mandatos que nos han llevado a la hoguera y al altar.

Al medio recibiendo las piedras y a la sala de parto, muriendo o pariendo.

A la cocina sirviendo y al silencio escuchando.

A la negación del placer y al fingir cualquier goce.

A la complacencia del sexo del macho y a la anulación de la satisfacción nuestra.

A la amabilidad mentirosa y al grito censurado.

A la culpa y al maltrato.

Al maltrato y al golpe.

Al golpe y a la muerte.

Mandatos que nos han impuesto como marcas.

Como sentencias que no paran de matarnos.

Amputando la libertad que es caudal desde nuestro vientre que hierve, hierve y goza, goza y ama. Desobedeciendo ama. Luchando ama.

Tomar entonces las páginas de esos mandatos y pisarlos, hacerlos pedacitos, escupirlos, y luego reescribirlos. Hacerlo con las letras que se nos antoje, hacerlos libres y de vuelo alto, sin techos patriarcales que nos bajen la mirada y nos acorten el sendero que marcamos así, para andarlo.

Guerreras que no tienen a princesas como espejo castrador  de la vida como avalancha, que nos baña y nos contagia, que nos nutre y nos ampara; vida que nos bebemos a borbotones, y como nos plazca.

Ensuciemos el vestido blanco y pintémoslo de colores, embarrémoslo, manchémoslo con mate y vino.

Regalémosle a las niñas libros que las saquen de las etiquetas, que las haga pensar y rebelarse, que las haga decir y hacer, que las haga libres. Liberémonos. Liberémoslas.

Enseñemos la geografía de la patria nuestra, empezando por el cuerpo que nos habita, que sepan cómo se consigue el goce en la caricia, que sepan cómo se respeta la elección del tacto, que sepan cómo acercarse a ellas sin la culpa que pregona el crucifijo.

Que se conozcan. Que se aprendan. Que se hagan grandes sabiéndose las partes y el todo. Que erguidas se paren y así, que se avalancen.

Pintemos las paredes, intentemos que la letra derramada traspase esos muros y en las calles sean miles las voces de esas proclamas.

Fuertes las gargantas que le escupen el deber a la genitalidad impuesta como sabia. Mi vagina y tu vagina, ese pene con el otro, me la agrando y me la quito, me lo quito y me lo aplano, hago con mi cuerpo lo que siento en dimensiones que no comprenden los que no aman. Los que le meten cerrojos a las mentes y a las camas.

Demos a luz doliendo.

Abortemos calmas.

No nos reproduzcamos.

Que no se acabará el mundo si esto pasa.

Seamos putas.

Seamos libres.

Seamos ganas.

No hablemos bajito. No usemos sólo buenas palabras. No callemos nuestras verdades. No disfracemos nuestros insultos. No escondamos nuestras enseñanzas. Alcemos las voces y los cuerpos. Rompamos los mandatos. Ganemos la batalla.

Mujeres y hombres.

Todas y todos.

Que a la igualdad son dos partes que la arman.

 

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