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UNIDAD DE LOS TRABAJADORES ¿Y AL QUE NO LE GUSTA?

18/11/2016

En esta etapa no hay acumulación política sin protagonizar el conflicto social. Lograr la sanción de la Ley de Emergencia Social es una tarea que debiéramos impulsar desde todos los frentes sociales y sindicales.

Por Beltran "Chino" Besada Romero - Director de la Revista Evita (ME)

 

La unidad de la CGT, la CTA y la CTEP –junto a otras fuerzas sociales- se verá en la calle. Los trabajadores se movilizan hoy al Congreso para exigir la sanción de la Ley de  Emergencia Social aprobada ayer por la Cámara de Senadores. Es un hecho trascendente cuando la unidad se materializa y no sólo se declama.

En esta etapa no hay acumulación política sin protagonizar el conflicto social. El macrismo recula cada vez que se le muestra fuerza. Y la potencia para hacerlo retroceder está en el conflicto social. Se lo golpea institucionalmente y en la calle.

Lograr la sanción de la Ley de Emergencia Social es una tarea que debiéramos impulsar desde todos los frentes sociales y sindicales. Es poner blanco sobre negro la delicada situación social provocada por este gobierno ceocrático para dejar de atribuírsela a la pesada herencia.

El proyecto de Ley que ya obtuvo media sanción propone la creación de un millón de nuevos empleos por parte del Ministerio de Desarrollo Social; dispone que la Asignación Universal por Hijo y la Asignación por Embarazo tengan un aumento del 15 por ciento para compensar la inflación; y propone que se fije un salario social complementario para los trabajadores informales, los más perjudicados frente a la brutal transferencia de recursos de éstos hacia los grupos económicos concentrados, sobre todo los financieros.

El conflicto social frente al ajuste del gobierno nacional constituye el lugar pertinente para acumular poder popular. Si las tres centrales sindicales (CGT/CTA/CTEP) continúan homogeneizando sus posiciones respecto a la naturaleza de este conflicto, será un gran avance para todos los trabajadores.

Si los dirigentes logran que la lucha reivindicativa sea estrictamente social y no se politice, ni quede subsumida a una lógica de “kirchnerismo anti kirchnerismo”; si logran masificar el carácter genuino de sus demandas; y, finalmente, logran desideologizar el debate, la victoria corre por buen rumbo. Son tres condiciones del conflicto social para acumular fuerza. Y el macrismo retrocede si se lo avanza con movilización popular.

Esta unidad que comienza materializarse en términos de reclamo sindical y social, requiere su correlato en términos de oposición política. Claro, los tiempos no son los mismos.

Divididos nos quiere el macrismo y va a intentar interceder para que el peronismo vaya fragmentado. Y divididos no es un buen camino para obtener un conquista electoral. Por eso hay que intentar no dejarse atrapar por los nombres y caras de las compañeras o compañeros que puedan encabezar una propuesta ganadora. Al menos por ahora, hasta que llegue el momento de definir quien mejor exprese esa unidad, en forma y contenido. Quien así no lo haga beneficia la táctica del macrismo.

Hoy el peronismo trata de rehabilitarse de los errores y fracasos que nos llevaron a sufrir una derrota electoral.  Pero luego de ésta se impone el intento generoso de construir esa unidad. No alcanza con declamarla.

Si pensamos en la aparición de Néstor Kirchner, que vino a demoler la empeñosa tarea de hacer del peronismo un socio más del régimen político que sostiene al neoliberalismo depredador,  como legado fuerte para la unidad, la construcción resultante deberá aspirar a representar el interés de nuestro Pueblo y no el de sólo una porción.

Si el 2017 no nos encuentra unidos, el 2019 seguro nos tiene dominados.

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