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URUGUAY, GIRA A LA DERECHA.

03/12/2019

Con un ajustado triunfo en segunda vuelta, el candidato derechista Luis Lacalle Pou, en alianza con la ultra derecha, asumirá la presidencia a partir del 1° de marzo del año que viene en Uruguay. La experiencia de sus vecinos Brasil y Argentina en la aplicación de políticas neo liberales, con pérdidas de derechos sociales y laborales no fue asimilada por los electores y las lecturas pueden ser enfocadas desde lo hecho o no por el gobierno progresista, a los diseños de poder de la derecha.

Por Eduardo Silveyra

ESCENARIOS. Los escenarios políticos en tiempos electorales son operables por los medios del poder hegemónico a través de la creación de escenarios virtuales, una de las herramientas son   las encuestas, para incidir en la elección. Tal como se ve en el balotaje entre Daniel Martínez del Frente Amplio y el candidato de la derecha Lacalle Pou. La duda es acerca de si los índices publicados eran realmente lo real o si la metodología empleada no es acorde a las nuevas conformaciones sociales y de comunicación. De ser esto último, un error tan grueso de pronosticar diferencias de 10 ó 12 puntos a favor del derechista Lacalle, a un final ajustado donde se contó voto a voto, es mostrar el secreto de Poe en la carta robada y sus especulaciones.

MILITANCIA. La militancia estuvo en la calle, en las redes, en todos los lugares posibles o lo imaginado imposible y ganó en su medio, en el lugar donde se gestan las épicas populares, en los territorios. Sin embargo, de los 19 departamentos que conforman al Uruguay, el Frente Amplio solo ganó en Montevideo y su vecino Canelones, los cuales aportan el mayor caudal de votos y los centros urbanos más importantes del país. Esa singularidad, podría exponer que, el Frente Amplio no es un partido popular con fuerte arraigo en las zonas rurales, como lo tiene en peronismo en la Argentina y sí, un partido progresista y urbano, el cual carece de propuestas políticas, para esos humildes. Y si bien son elecciones diferentes, en la primera vuelta el Frente Amplio se había impuesto en 9 departamentos al igual que el Partido Nacional y uno para sus aliados colorados. De un modo u otro en el Río de la Plata las confrontaciones virreinales perviven.

GOLPES. En la escuela a la que fui me decían que Uruguay era la Suiza de América, nunca supe bien cuándo y cómo se elaboró ese mito, aunque sin hurgar mucho uno encuentra a los gobiernos estatistas y distributivos de José Batlle y Ordoñez, creador de un estado de bienestar social y progresista en los albores del siglo XX. Pero esto no duró demasiado, en 1933 Uruguay sufre un golpe de estado con un líder que no se privó de realizar una marcha sobre Montevideo, emulando a la realizada por Mussolini sobre Roma, su nombre, Gabriel Terra, quien llegó al gobierno por la vía electoral, pero a los dos años disolvió el parlamento y con la burguesía montevideana y sectores conservadores del campo como aliados, echó por tierra con el sueño democrático del estado oriental. Poco menos de 100 años después, los apellidos del golpismo, la quita de derechos y las persecuciones políticas se vuelven a repetir. Luis Alberto de Herrera, bisabuelo del presidente electo, formó parte del golpe, Pedro Manini Ríos, abuelo del general bolsonarista Guido Manini Ríos que integra la coalición de derecha, también fue participe, sin dejar de lado a un Bordaberry ruralista, pariente del dictador José María, quien en 1972 disolvió las cámaras legislativas y encabezó la dictadura cívico militar que gobernó a Uruguay por más de una década. Como corolario de esta línea histórica, el primer saludo recibido por Luis Lacalle Pou, es del golpista y auto proclamado presidente venezolano Juan Guaidó.

FALLAS. En sus 12 años de gobierno el Frente Amplio no tomo medidas que hoy pueden verse como errores que no permitieron profundizar los cambios y democratizar un poco más las democracias tuteladas de este continente. Una de ellas, es no haber juzgado a las cúpulas militares y a los responsables de delitos de lesa humanidad durante la dictadura cívico militar y no haber cambiado la matriz de pensamiento y formación del ejército. No haber promulgado una ley que permita el voto consular de los uruguayos que viven en el exterior, siendo como fue, producto de la dictadura y de las políticas neo liberales que aplicaron quienes gobernaron después de finalizada la misma, un país expulsivo de población. Fenómeno que revirtieron los tres gobiernos frenteamplistas. Otro cambio que debió operarse y tampoco se hizo es asociar la cédula de identidad al padrón electoral y eliminar a la obsoleta y exclusivista Credencial Cívica, que solo permite votar a quien la tiene. En los próximos cinco venideros, con políticas de represión para cerrar el ajuste y las políticas de colonización que demandan las corporaciones, el imperio y la oligarquía, estas demandas deberán esperar otro ciclo democrático.

MARGENES. Con una elección perdida en segunda vuelta y luego de haber superado el Frente Amplio en la primera vuelta por más 10 puntos al hoy presidente Lacalle Pou, habla de una ley de balotaje defectuosa, pero esos estrechos 30.000 votos de diferencia logrados por la alianza derechista, permiten trazar un paralelismo con lo sucedido en la Argentina cuatro años atrás, cuando el macrismo se impuso al Frente Para la Victoria por apenas dos puntos. Es un lugar común o recurrente, al cual no vamos a dejar de lado, porque la campaña electoral fue basada con la misma estrategia comunicacional con la cual hizo campaña el macrismo y el uso de las mismas herramientas discursivas. La manipulación de las encuestas, el miedo, la inseguridad y el tan conocido “cambio”, en el cual no vas a perder nada de lo que tenías pero hay que cambiar hacía ese lugar ilusorio y desconocido. De nada sirve, que el cambió a tu vecino argentino le significó cifras devastadoras en los índices de pobreza, que pasaron de un 8% a un 38% o que el hambre se multiplicó de tal manera que hubo la necesidad de sancionar una ley de emergencia alimentaria, si el otro elemento a tener en cuenta es el odio. El odio fabricado por los medios de comunicación es un gran hacedor del pensamiento fascista, en esos miles que han mejorado su situación personal gracias a las políticas distributivas, pero que rechazan cualquier mejora o beneficio social para aquellos que menos tienen. Tal vez o no, lo pueblos sean o no sabios, pero todo parece indicar que las experiencias deben ser vividas en carne propias y que los uruguayos necesiten cinco años de políticas de ajustes para volver otra vez desde sus ruinas.

RODEADOS. El panorama geopolítico para la Argentina, retrotrae a otros momentos históricos como la vuelta de Perón en 1973, con un gobierno peronista que no pudo soslayar el hecho de sucumbir a la dictadura más sangrienta de su historia, rodeado por los gobiernos dictatoriales de Chile, Uruguay y Brasil. Y a Raúl Alfonsín, devenido al gobierno, después de derrotada la Junta Militar en las calles, con la resistencia popular y la derrota militar de Malvinas. Un presidente democrático rodeado por las mismas dictaduras.  La historia parece repetirse, con su hálito de tragedia en las orillas del Río de la Plata. En Argentina, el peronismo con su modelo político de discusión del poder, hizo que la dictadura permaneciera tan solo 7 años en el poder y que el gobierno macrista, con resabios dictatoriales o de pata civil de la dictadura, tan solo pudiera permanecer un periodo gubernamental de 4 años. Cada pueblo elige sus formas políticas de enfrentar al enemigo, la herramienta política del Uruguay es el Frente Amplio y ninguna herramienta política puede ser en si misma sin una mística, sin una simbología, capaz de penetrar la conciencia de su pueblo, para transformar un realidad adversa por otra de construcción, después de una derrota. El mito -decía Freud- es el soñar despierto de los pueblos. A eso también deberán apelar los hermanos uruguayos.

 

 

 

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