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CULTURA

VAMOS LAS BANDAS

19/08/2016

La revolución cultural que inicia el siglo XX se conforma a partir del entramado de experiencias de generaciones de jóvenes que construyen un refugio para su disconformidad. La respuesta contra la parálisis de la cultura dominante surge en torno a distintas expresiones artísticas. En ese sentido, el rock ha sido un motor determinante en la formación de una contracultura capaz de brindar el amparo necesario al desasosiego que implica la falta de referentes. En nuestro país, el proceso de formación de una conciencia nacional se encuentra en un estado germinal; por eso, la aparición del rock, en los tempranos setentas, se inserta en la disputa por el control del imaginario que permite estructurar ese sentido de la patria aun no resuelto.

 Por Alvaro Guarnaccia

Cecilia Flachsland es profesora de escuela secundaria, docente universitaria, periodista y trabajadora del Ministerio de Educación de la Nación. A finales del año pasado, la editorial Casanova, publicó su libro Desarma y sangra: rock, política y nación. Estructurado a partir de la recopilación de diez artículos que Cecilia ha publicado en distintos medios, el libro cuenta la historia argentina tomando como base una serie de acontecimientos destacados del rock nacional. De esta manera, resulta posible contrastar la versión del Himno de Charly Garcia con la decisión de los primeros rockeros de cantar en castellano; la tensión entre militantes políticos de los setenta y el surgimiento de una nueva sensibilidad a la que se acusa de poco comprometida, la causa Malvinas; la cultura de la imagen; el santuario de Cromañón y la Ley Nacional de la Música promovida durante el kirchnerismo.

Asimismo, la elección de reconstruir la historia reciente a partir de una práctica musical como el rock, impone el recorte sobre un sujeto particular de nuestra sociedad. En ese sentido, los jóvenes representan el impulso fundamental del análisis por tratarse de una experiencia que parte desde ellos y permite indagar en las memorias del país y el rock nacional. Los diferentes contextos socio políticos de la Argentina de los últimos cincuenta años, conllevan procesos de aceptación del rock, así como también, diferencias en cuanto a los roles que el rock ocupa en esa progresión. Tal vez por eso, para Cecilia Flachsland, la práctica de la docencia en colegios secundarios, resulta determinante por permitirle la conformación de un imaginario que tiene a los adolescentes como principales destinatarios.

Desde esa perspectiva, conmueve observar como la política ha ido incorporando las estrategias discursivas del rock. Un ejemplo de esto es la inclusión del imaginario ricotero en la mística del kirchnerismo, novedad que hace sentido con un proceso específico de recuperación de la política como herramienta de transformación en el mismo seno de esa juventud descreída de todo. Por eso es que Desarma y sangra resulta de interés, porque además de coordenadas para entender aspectos de la vida personal en cada momento particular, aporta las pautas de un proceso de transformación colectivo, donde la juventud golpeada comienza a comprender que “este asunto esta ahora y para siempre en tus manos”.   

 

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