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VENEZUELA ES LENINGRADO

26/02/2019

El posteo en Facebook de Horacio Mallofre, nos dice que Venezuela es el Leningrado de Sudamérica. Razón no le falta para tal afirmación. La situación tiene ciertas analogías con la sufrida por la ciudad rusa durante el sitio del ejército nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Por Eduardo Silveyra

El sitio de Leningrado tiene  su literatura y cinematografía épica, donde la narración o las imágenes nos cuentan las aciagas vicisitudes vividas por el pueblo ruso. El hambre acuciante, a veces calmado por la caza de una rata, un pájaro o un gato que cae desde un tejado y es comido casi vivo, por unos seres  en cuyas miradas están toda la debilidad y la fortaleza que la misma miserabilidad construye. Las técnicas usadas por el imperialismo y sus aliados en Venezuela, para quebrar la fortaleza del gobierno de Maduro, no difieren mucho  de las usadas por el nazismo. Volantes arrojados desde aviones ofrecían salvación a los judíos, cuando ya unos millones habían muerto en los campos de concentración. O la provocación de las tropas alemanas al mostrarse comiendo sabrosos muslos de pavos, ante la vista de quienes practicaban incluso la antropofagia para resistir la caída. También los nazis prometían ayuda humanitaria.

El asedio llevado adelante por el general de formación prusiana Wilhem Ritter von Leeb, duró 900 días, un tiempo suficiente para quebrar cualquier voluntad humana y cualquier simbolización creada desde lo político o la cuestión estratégica dada en su derivado, la guerra, si seguimos una proyección de la lógica del teórico mariscal Von Clawsevitz. Leningrado tenía su representación simbólica, era la cuna de la revolución, pero además concentraba el 11% de la producción industrial de la Unión Soviética y recursos fundamentales como la producción de acero, vital para la industria  bélica y tan importante como el petróleo, para los planes de dominación colonial planteado en estos tiempos por el imperialismo yanqui.

Leningrado también tenía esas representación y quebrar su resistencia era destruir la cuna de la mayor revolución social de los tiempos modernos, trazando un paralelismo situacional, el proceso de cambio en Sudamérica comenzó en los años 90 en Venezuela con la asunción al poder de Hugo Chávez en el año 98, cuando ya las recetas monetarias del FMI y la aplicación de sus políticas estaban agotadas en la región y con un alto porcentaje de la población hundida en la pobreza y la miseria. El estallido producido en Caracas se extendió en una oleada de gobiernos progresistas, nacionales populares y socialistas, representados por Néstor Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Tabaré Vázquez en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Bachelet en Chile y Correa en Ecuador, a los cuales habría que sumar Cuba y Nicaragua. La Marea Rosa soplaba con sus nuevos tiempos y el Socialismo del Siglo XXI se debatía en un eje geopolítico trazado por Venezuela, Brasil y Argentina.

Después de una década de gobierno y algo más en algunos casos, las contradicciones y limitaciones propias, más los embates de las corporaciones aliadas a las oligarquías locales, comenzaron a dar sus frutos y tras la caída del gobierno de Cristina Fernández en las elecciones del 2015, le continuó el golpe institucional dado en Brasil contra Dilma, con lo cual se rompió ese eje político e ideológico, a lo cual debe sumarse también  la traición de Lenin Moreno en Ecuador.

La realidad hoy muestra a la región asolada por gobiernos de ultra derecha, como el de Bolsonaro en Brasil y Piñera en Chile y aquellos que conforman el Grupo de Lima junto Colombia, actuando en bloque para cumplir los designios del imperialismo y las grandes corporaciones, en ese marco los ataques contra Venezuela recrudecieron y se agudizaron con la llegada de Trump al gobierno de los EE. UU.

Si la apropiación del petróleo venezolano, es una de las razones para invadir y voltear al gobierno de Nicolás Maduro, por parte de los EE.UU. también existe ese valor inmenso dado por lo simbólico, Venezuela es la cuna del cambio. Ante el agotamiento de la política de saqueo llevada adelante por el gobierno macrista en la Argentina y la pérdida del gobierno en las elecciones de este año, si el peronismo continúa con su política de unidad del campo nacional y popular, sería de vital importancia la derrota del golpismo venezolano, para recomenzar a restaurar otra vez, esa marea de gobiernos nacidos de las necesidades de cambio verdadero. Y en ese trazo, donde las situaciones históricas se asemejan, vale recordar la voz de los sobrevivientes del asedio nazi, quienes decían: ¡Troya cayó! ¡Roma cayó! ¡Leningrado no cayó! Para que tal caída no sucediera, hubo una alianza estratégica, entre el pueblo de Leningrado y el Ejército Rojo. La misma alianza que existe entre la Guardia Nacional Bolivariana y el pueblo venezolano.

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