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Y QUE REINE EN EL PUEBLO EL AMOR Y LA IGUALDAD

15/07/2020

El siguiente texto fue escrito un día antes que fuese sancionada la Ley de Matrimonio Igualitario, allá por el 15 de julio de 2010, cuando nos encaminábamos hacia una sociedad más justa, más libre, más igualitaria. Íbamos con miedo, pero íbamos, sin detenernos, sabiendo que los derechos militados se conquistan, más tarde o más temprano, pero se los alcanza, para hacernos mejores en una sociedad mejor. Estas letras fueron escritas sin saber que podríamos parir esa ley, y da cuenta del estado de indefensión que imperaba antes de su llegada.

#10añosMatrimonioIgualitario

Por Mara Fernández Brozzi

 

Vasijas de barro

No sé dónde estoy, si en aquello que llamaban cielo, o en eso otro que se decía infierno. Sólo la certeza que no estoy donde vos estás, pero puedo verte o sentirte. Ahora, desde aquí, viene a ser lo mismo.
Grito fuerte para que dejes de llorarme, pero no lográs oírme o preferís no hacerlo. Sumido en tu dolor no ves más allá de él, y está bien, pienso darte más tiempo, sé que cesará.
Veinte años juntos dándonos dosis de un amor inmenso. Construyendo un hogar, a nuestro modo que, después y antes que todo, cada cual lo hace a su modo, porque gracias a Dios, sí, a Dios, ése que a nosotros nos amparó en el momento en el que nos cruzamos. Gracias a Dios todos somos iguales, pero diferentes.
Mi puesto de gerente en esa empresa nos permitía vivir más holgados. Tu sueldo de enfermero sumado al mío nos dio la posibilidad de las vacaciones todos los febreros. La remamos a la par, pateando juntos, aunque zigzagueantes tantas veces.
Tu cabeza baja. Tus ojeras más presentes que nunca. Tu perfume intacto. Tu mirada altiva. Tu cuerpo carcomido por el llanto, pero bello de pies a rodillas, como siempre te decía y te enojabas, claro. No lavaste el ambo. ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver el duelo con la mugre? En fin, ése no es el punto, aunque te sugiero que lo laves … o lo cambies.
Nuestra casa. Adornada con la mezcla nuestra, lámparas modernas y muebles rústicos. Lo tuyo y lo mío. Una pared que insulta con su color verde campo y otra más sobria que invita a mirarla. Tus gustos, los míos. Un híbrido imperfecto que supo cobijarnos la pasión, la carne, el sexo. Fue guarida y cielo abierto, cuando nos atrevimos a atrevernos en ese amor tan nuestro.
Y ahora esa casa nuestra dejó de pertenecerte y los lobos hambrientos están yendo por ella, y en ese viaje van por vos, tirando a su paso todo lo nuestro. Veinte años edificados, ladrillo por ladrillo, devorados por el viento, un viento inquisidor y mentiroso, cruel y severo, hipócrita, verdugo y ciego.
Deberás abandonar la casa, tu casa, la nuestra. No permitas que también se lleven la hamaca paraguaya; ésa, la del primer beso, la del primer sexo. Y las vasijas de cerámica que compramos en Iruya, guardalas dentro de tu valija, así no las encuentran. Igualmente no creo que mis hermanas se detengan en ellas, siempre sus gustos fueron más elegantes; pero es que yo les tomé mucho amor a esas vasijas, sobre todo por el recuerdo de ese pueblo. Allí en el norte, donde nos amamos apunados en el encierro. Y ante la mirada atónita de varios ojos negros.
¿Volvés a lo de tu vieja? Por el momento supongo que tendrás que hacerlo. Tu sueldo de enfermero no te va a permitir alquilar algo. Pero no te quedes mucho tiempo, porque ni bien conozcas otro hombre no va a estar bien que lo acuestes en la cama de soltero. Siempre me serví del humor, lo sabés muy bien, permitime seguir haciéndolo.
Conociéndote sé que saldrás de esa casa, tu casa, la nuestra, ésa que ahora ellos dicen es de ellos, sin mirar atrás, y sin dispararles encima ni siquiera el aliento. Si pudiese estar ahí para putearlos hasta en arameo, pero vos no vas a hacerlo. Por eso también te amé con todo mi ser, alma, sexo, corazón y cuerpo, por haber sido la mejor parte de este incompleto. Uno estallando, el otro conteniendo.
Volverás a transitar una nueva tormenta, como tantas a las que le has puesto el pecho y volverás a amar, aún sabiendo la insensatez de los desconciertos, volverás a sentirte el más hombre entre los brazos de otro hombre. Sí, vas a hacerlo.
El dolor pasará. Y tu ambo estará, otra vez, inmaculadamente bello.

Mara Fernández Brozzi  (Julio 2010)

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